sábado, 13 de diciembre de 2014

Para el mundo obrero y del trabajo

«CON JESÚS SIEMPRE NACE Y RENACE LA ALEGRÍA» 
En su nacimiento Jesucristo se descentró, se fue a los márgenes; más aún, «siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza» (2 Cor 8,9);
sí, «se despojó de sí mismo para tomar la condición de esclavo» (Flp 2,7).
 
Este es el divino camino de la verdadera espiritualidad.
 
Humilde artesano de Nazaret, Jesús Obrero,
nacido en un establo, en medio de campesinos y pastores:
a ti solo damos culto.
 
Fuera de los límites de esta sociedad pagana
salimos al encuentro de tus hermanos pequeños,
para realizar con ellos, «pecadores y publicanos,
prostitutas y enfermos, pobres»
, tu sueño comunitarista.
 
¡Bendito seas, Jesús, porque pobres y torturados de la historia
representan el lugar privilegiado para encontrarte
crucificado y resucitado!.
 
No pasaremos de largo, cargaremos en tu nombre
a los que la injusticia masacra cada día,
¡la inmensa muchedumbre de los trabajadores sin trabajo!
y realizaremos con ellos de nuevo el Éxodo
de «unos cielos nuevos y una tierra nueva donde habite la justicia».
 
Encontrarse con Cristo estremece con su impulso a una conversión definitiva,
con su exigencia a una radicalidad y una incondicionalidad escandalosa,
que solo superamos porque es Jesús quien primero se estremeció
hasta la cruz por nosotros.
 
Por él vamos a plantar nuestra tienda en el mundo obrero empobrecido,
hasta las últimas consecuencias, como Rovirosa.
 
Hay que ir hasta las raíces de la pobreza, la opresión y la exclusión, arriesgándose al rechazo y la persecución.
 
Hay que pagar el precio por la fidelidad a Cristo Obrero empobrecido.
 
¡Y qué alegría si fuéramos dignos de ello! .
Felices fiestas.
Àlvar Miralles

jueves, 4 de diciembre de 2014

Osoro se "embarró" en El Gallinero

El arzobispo de Madrid visitó el sábado el poblado chabolista, junto a Javier Baeza

Durante dos horas y media, en mitad del aguacero, "el peregrino" bajó a los infiernos de la capital

 El obispo se limpió los zapatos embarrados en un charco. Pero los recuerdos de aquella tarde se antojan imborrables en el recién estrenado ministerio del arzobispo de Madrid

·         Carlos Osoro el peregrino

(Jesús Bastante).- "¿Entonces tú eres el Papa?". Empapado hasta las orejas, con la sotana y los zapatos embarrados, Carlos Osoro no pudo menos que sonreir. "No, no lo soy, pero si quieres puedo ser tu amigo. Me llamo Carlos, ¿y tú?". El arzobispo de Madrid se "embarró" este sábado para visitar a los mas pobres de entre los pobres de la capital, los habitantes del poblado de El Gallinero, con quienes compartió más de dos horas y media en una experiencia que, como comentó después a RD, "me ha dejado tocado".

Su anfitrión, el párroco de Entrevías, Javier Baeza, que apenas se creía lo que estaba viendo cuando, unos días antes, "un colaborador de la parroquia me dijo que don Carlos quería visitar El Gallinero". La cita, prevista para el sábado -había fiesta en el poblado rumano-, estuvo a punto de suspenderse -como la propia fiesta, porque la barriada estaba encharcada-. Pero Osoro llegó a Entrevías cerca de la una y media de la tarde. "Me conquistó desde el principio", reconoce Baeza, quien apunta que "uno no está acostumbrado a que lo primero que haga tu obispo nada más verte es pegarte un abrazo y pedirte que le llames Carlos".

"Te conozco por la prensa", le dijo el obispo al cura rojo. "Yo también a usted", respondió Javier. "Vamos a llamarnos de tú". Y así, junto a su secretario Daniel, Pepe Díaz (el otro cura de Entrevías) y dos voluntarios, Jorge y Marta, se subieron en la furgoneta de Baeza. "Vivo con varios chicos, y dos de ellos son del Gallinero. Son dos adolescentes que estaban en el coche con la música a todo trapo, y en cuanto vino Osoro les pedí que se pasaran para atrás... pero Osoro dijo que no, que él se ponía de paquete".

"Es un hombre absolutamente cercano a la gente", explica, todavía admirado, Javier Baeza. Durante dos horas y media, en mitad de la tormenta que azotaba la capital de España -Osoro canceló sobre la marcha una comida que tenía con curas "porque tenía que estar allí"-, el arzobispo de Madrid, agarrándose las faldas de la sotana para no ensuciarse demasiado -al final de la visita tuvo que buscar un charco para limpiar algo sus zapatos- visitó a varias familias, en su mayoría gitanos rumanos, que viven a diario los golpes de una sociedad injusta y sobreviven como pueden a la ausencia de luz, agua, letrinas o la constante amenaza de las apisonadoras. Casi un centenar de casas menos en los últimos meses.

Junto a él, en mitad de chabolas desvencijadas, con las goteras cayendo en sus ojos, sus manos, Carlos Osoro escuchó, y compartió, la vida y las miserias de aquellas personas. "Mostró en todo momento un respeto espectacular por la realidad de aquellas personas. Es uno de los pocos visitantes de El Gallinero que no venía con ideas preconcebidas ni discursos preparados. No le dio la charla a nadie. Escuchó, jugó con los niños, preguntó por las dificultades en las que vivían esas personas que le invitaban a su casa...", apunta Javier Baeza.

"No hizo ningún juicio, pero lo cierto es que se quedó un poco descolocado", explica el sacerdote. Osoro confirma el diagnóstico: "Es inexplicable cómo puede haber tanta pobreza a tan pocos kilómetros del centro", suspira el arzobispo de Madrid, quien recordó sus experiencias en la favelas brasileñas o con los pobres de Valencia. "Pero tan cerca, y tan pobres..." Osoro preguntó por cómo sólo existe un punto de agua, dónde estaban las letrinas -¿letrinas?- o de dónde cogían la luz.

Uno de los momentos más emotivos de la visita ocurrió cuando Osoro entró en un pequeño cuartucho, con apenas dos camas. "¿Cuántos vivís aquí?", preguntó a una joven de 33 años. "Vivimos mi marido, mi hermana, mi madre... y mis once hijos". ¿En dos camas? "¿Y dónde duermes?". Osoro contempló la pobreza, pero también la dignidad de personas que cuidan de lo suyo, y de los suyos, y que reclaman respeto y acogida. Sonrió con las bromas de sus anfitriones, y se mostró preocupado al escuchar cómo existen tantas instituciones supuestamente implicadas para arreglar la situación y, sin embargo, "las cosas casi no han mejorado".

"Muchos, especialmente eclesiásticos, cuando salen de allí, critican la pobreza, pero también la promiscuidad. Él nos reconoció que, cuando ves la realidad de la gente, los juicios morales hay que aparcarlos un poco, y no juzgar determinadas situaciones concretas. Como hace el Papa, por otro lado", añade Baeza.

"Hay que estar aquí para verlo", añade Osoro, todavía afectado por la visita, pero agradecido por poder compartir la experiencia. Y con el compromiso de que no será la última vez que visite El Gallinero. Y emocionado con las sonrisas de los niños, que tiraban de su cruz pectoral, y le preguntaban dónde estaba su casa. "Algunos de ellos trapichean en la zona de Bailén, y se lo dijeron, y don Carlos les dijo que fueran a visitarle al Arzobispado, que preguntaran por él y que si estaba saldría y se tomarían algo".

"¿Tú eres el Papa?", le preguntaban los niños. "Yo les explicaba que era como el cura de los curas de Madrid", relata Javier Baeza, quien muestra cómo "en todo momento demostró que venía como uno más, a escuchar. No fue dando catequesis. A mí me ganó desde el primer momento hasta el abrazo de despedida, todavía mojados, cuando me pidió el teléfono" y quedaron para, un día, poder celebrar con la comunidad de Entrevías.

"No quiero establecer comparaciones, pero es la primera vez que me encuentro un obispo que me conoce y que me escucha, que me da su teléfono y que detiene el tiempo para estar con nosotros", explicaba Baeza al día siguiente, en la misa de Entrevías. El compromiso de visitar la casa en la que Javier vive con adolescentes de varias nacionalidades ya está planteado, así como una charla reposada con los curas de Entrevías. "Tengo que ser el obispo de todos", subraya, como un mantra, Carlos Osoro. Y Javier Baeza, el descreído Javier Baeza, se lo cree a pies juntillas. "Porque lo he visto en El Gallinero".

No importó la lluvia, pues los caminos están trazados, incluso en El Gallinero, para aquéllos que quieren ser peregrinos. No cabe duda que el nuevo arzobispo de Madrid es uno de ellos. A la vuelta, en la furgoneta, todavía impresionado por el lugar donde viven tantas personas, tantos niños, Osoro reflexionaba sobre su última visita al Papa Francisco, el jueves pasado en Roma. "Me preguntaba si ya tenía casa definitiva donde vivir. ¡Cómo voy a estar, al lado de cómo está viviendo esta gente!". El obispo se limpió los zapatos embarrados en un charco. Pero los recuerdos de aquella tarde se antojan imborrables en el recién estrenado ministerio del arzobispo de Madrid.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Creatividad, no estatismo

Mateo 25, 14-30 JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 12/11/14.- 

 Sorprendentemente, , el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala, a pesar de la aparente inocencia de la parábola de los talentos
Su único error,“no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro. El mensaje de Jesús es claro:  
No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios. 
No a una vida estéril, sí a la respuesta activa. no al conservadurismo, sí a la creatividad.El pecado de los seguidores puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. 
Es significativo el lenguaje que se ha empleado para ver en qué hemos centrado la atención: 'conservar' el depósito de la fe; la tradición; las buenas costumbres; la gracia; la vocación... 
Esta tentación de 'conservadurismo' es más fuerte en tiempos de 'crisis religiosa': controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia... 
Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?.
Para los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos de los hombres y mujeres de nuestros días?.
Las 'actitudes' a cuidar hoy en la Iglesia no son prudencia, fidelidad al pasado, resignación...son más bien búsqueda creativa, audacia, capacidad de riesgo, 'escucha al Espíritu'... que todo lo hace nuevo. Lo grave es que, lo mismo que le sucedió al siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer hoy no puede ser 'conservar', sino 'comunicar' la Buena Noticia en una sociedad sacudida por cambios socioculturales

jueves, 30 de octubre de 2014

En las manos de Dios

Conmemoración de los difuntos Marcos 5, 33-39; 16,1-6
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 28/10/14.- Los hombres de hoy no sabemos qué hacer con la muerte. A veces, lo único que se nos ocurre es ignorarla y no hablar de ella. Olvidar cuanto antes ese triste suceso, cumplir los trámites religiosos o civiles necesarios y volver de nuevo a nuestra vida cotidiana.
Pero tarde o temprano, la muerte va visitando nuestros hogares arrancándonos nuestros seres más queridos. ¿Cómo reaccionar entonces ante esa muerte que nos arrebata para siempre a nuestra madre?. ¿Qué actitud adoptar ante el esposo querido que nos dice su último adiós?. ¿Que hacer ante el vacío que van dejando en nuestra vida tantos amigos y amigas?.
La muerte es una puerta que traspasa cada persona en solitario. Una vez cerrada la puerta, el muerto se nos oculta para siempre. No sabemos qué ha sido de él. Ese ser tan querido y cercano se nos pierde ahora en el misterio insondable de Dios. ¿Cómo relacionarnos con él?.
Los seguidores de Jesús no nos limitamos a asistir pasivamente al hecho de la muerte. Confiando en Cristo resucitado, lo acompañamos con amor y con nuestra plegaria en ese misterioso encuentro con Dios. En la liturgia cristiana por los difuntos no hay desolación, rebelión o desesperanza. En su centro solo una oración de confianza: “En tus manos, Padre de bondad, confiamos la vida de nuestro ser querido
¿Qué sentido pueden tener hoy entre nosotros esos funerales en los que nos reunimos personas de diferente sensibilidad ante el misterio de la muerte?. ¿Qué podemos hacer juntos: creyentes, menos creyentes, poco creyentes y también increyentes?.
A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más críticos, pero también más frágiles y vulnerables; somos más incrédulos, pero también más inseguros. No nos resulta fácil creer, pero es difícil no creer. Vivimos llenos de dudas e incertidumbres, pero no sabemos encontrar una esperanza.
A veces, suelo invitar a quienes asisten a un funeral a hacer algo que todos podemos hacer, cada uno desde su pequeña fe. Decirle desde dentro a nuestro ser querido unas palabras que expresen nuestro amor a él y nuestra invocación humilde a Dios:
Te seguimos queriendo, pero ya no sabemos cómo encontrarnos contigo ni qué hacer por ti. Nuestra fe es débil y no sabemos rezar bien. Pero te confiamos al amor de Dios, te dejamos en sus manos. Ese amor de Dios es hoy para ti un lugar más seguro que todo lo que nosotros te podemos ofrecer. Disfruta de la vida plena. Dios te quiere como nosotros no te hemos sabido querer. Un día nos volveremos a ver”.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Creer en el amor

0 Tiempo ordinario(A) Mateo 22, 34-40
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA22/10/14.- La religión cristiana les resulta a no pocos un sistema religioso difícil de entender y, sobre todo, un entramado de leyes demasiado complicado para vivir correctamente ante Dios. ¿No necesitamos los cristianos concentrar mucho más nuestra atención en cuidar antes que nada lo esencial de la experiencia cristiana?.
Los evangelios han recogido la respuesta de Jesús a un sector de fariseos que le preguntan cuál es el mandamiento principal de la Ley. Así resume Jesús lo esencial: lo primero es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu ser; lo segundo es amarás a tu prójimo como a ti mismo.
La afirmación de Jesús es clara. El amor es todo. Lo decisivo en la vida es amar. Ahí está el fundamento de todo. Lo primero es vivir ante Dios y ante los demás en una actitud de amor. No hemos de perdernos en cosas accidentales y secundarias, olvidando lo esencial. Del amor arranca todo lo demás. Sin amor todo queda pervertido.
Al hablar del amor a Dios, Jesús no está pensando en los sentimientos o emociones que pueden brotar de nuestro corazón; tampoco nos está invitando a multiplicar nuestros rezos y oraciones. Amar al Señor, nuestro Dios, con todo el corazón es reconocer a Dios como Fuente última de nuestra existencia, despertar en nosotros una adhesión total a su voluntad, y responder con fe incondicional a su amor universal de Padre de todos.
Por eso añade Jesús un segundo mandamiento. No es posible amar a Dios y vivir de espaldas a sus hijos e hijas. Una religión que predica el amor a Dios y se olvida de los que sufren es una gran mentira. La única postura realmente humana ante cualquier persona que encontramos en nuestro camino es amarla y buscar su bien como quisiéramos para nosotros mismos.
Todo este lenguaje puede parecer demasiado viejo, demasiado gastado y poco eficaz. Sin embargo, también hoy el primer problema en el mundo es la falta de amor, que va deshumanizando, uno tras otro, los esfuerzos y las luchas por construir una convivencia más humana.
Hace unos años, el pensador francés, Jean Onimus escribía así: “El cristianismo está todavía en sus comienzos; nos lleva trabajando solo dos mil años. La masa es pesada y se necesitarán siglos de maduración antes de que la caridad la haga fermentar”. Los seguidores de Jesús no hemos de olvidar nuestra responsabilidad. El mundo necesita testigos vivos que ayuden a las futuras generaciones a creer en el amor pues no hay un futuro esperanzador para el ser humano si termina por perder la fe en el amor.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Los pobres son de Dios

29 Tiempo ordinario(A) Mateo 22, 15-21
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA15/10/14.- A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.
La trampa está bien pensada: ¿Es lícito pagar impuestos al César o no?. Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.
La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.
Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios “le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes” (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios?. Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?.
Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan “la moneda del impuesto” en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.
Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: Dad a Dios lo que es de Dios. Es decir, no deis a ningún César lo que sólo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.
No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa “dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Crisis religiosa

27 Tiempo ordinario (A) Mateo 21, 33-43
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA, 01/10/14.- La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo con acentos alegóricos la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?.
Los dirigentes religiosos que están escuchando atentamente el relato responden espontáneamente en los mismos términos de la parábola: el señor de la viña no puede hacer otra cosa que dar muerte a aquellos labradores y poner su viña en manos de otros. Jesús saca rápidamente una conclusión que no esperan: Por eso yo os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca frutos.
Comentaristas y predicadores han interpretado con frecuencia la parábola de Jesús como la reafirmación de la Iglesia cristiana como “el nuevo Israel” después del pueblo judío que, después de la destrucción de Jerusalén el año setenta, se ha dispersado por todo el mundo.
Sin embargo, la parábola está hablando también de nosotros. Una lectura honesta del texto nos obliga a hacernos graves preguntas: ¿Estamos produciendo en nuestros tiempos “los frutos” que Dios espera de su pueblo: justicia para los excluidos, solidaridad, compasión hacia el que sufre, perdón...?.
Dios no tiene por qué bendecir un cristianismo estéril del que no recibe los frutos que espera. No tiene por qué identificarse con nuestra mediocridad, nuestras incoherencias, desviaciones y poca fidelidad. Si no respondemos a sus expectativas, Dios seguirá abriendo caminos nuevos a su proyecto de salvación con otras gentes que produzcan frutos de justicia.
Nosotros hablamos de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios?. ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano?. ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

No desvirtuar la bondad de Dios

25 Tiempo ordinario (A) Mateo 20, 1-16
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA17/09/14.- A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.
Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo.
Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.
Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables:“¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?.
¿Qué está sugiriendo Jesús?. ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos?. ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?.
Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?.
Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.
Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Está entre nosotros

23 Tiempo ordinario Mateo 18, 15-20
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA03/09/14.- Aunque las palabras de Jesús, recogidas por Mateo, son de gran importancia para la vida de las comunidades cristianas, pocas veces atraen la atención de comentaristas y predicadores. Esta es la promesa de Jesús: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
Jesús no está pensando en celebraciones masivas como las de la Plaza de San Pedro en Roma. Aunque solo sean dos o tres, allí está él en medio de ellos. No es necesario que esté presente la jerarquía; no hace falta que sean muchos los reunidos.
Lo importante es que estén reunidos, no dispersos, ni enfrentados: que no vivan descalificándose unos a otros. Lo decisivo es que se reúnan “en su nombre”: que escuchen su llamada, que vivan identificados con su proyecto del reino de Dios. Que Jesús sea el centro de su pequeño grupo.
Esta presencia viva y real de Jesús es la que ha de animar, guiar y sostener a las pequeñas comunidades de sus seguidores. Es Jesús quien ha de alentar su oración, sus celebraciones, proyectos y actividades. Esta presencia es el “secreto” de toda comunidad cristiana viva.
Los cristianos no podemos reunirnos hoy en nuestros grupos y comunidades de cualquier manera: por costumbre, por inercia o para cumplir unas obligaciones religiosas. Seremos muchos o, tal vez, pocos. Pero lo importante es que nos reunamos en su nombre, atraídos por su persona y por su proyecto de hacer un mundo más humano.
Hemos de reavivar la conciencia de que somos comunidades de Jesús. Nos reunimos para escuchar su Evangelio, para mantener vivo su recuerdo, para contagiarnos de su Espíritu, para acoger en nosotros su alegría y su paz, para anunciar su Buena Noticia.
El futuro de la fe cristiana dependerá en buena parte de lo que hagamos los cristianos en nuestras comunidades concretas las próximas décadas. No basta lo que pueda hacer el Papa Francisco en el Vaticano. No podemos tampoco poner nuestra esperanza en el puñado de sacerdotes que puedan ordenarse los próximos años. Nuestra única esperanza es Jesucristo.
Somos nosotros los que hemos de centrar nuestras comunidades cristianas en la persona de Jesús como la única fuerza capaz de regenerar nuestra fe gastada y rutinaria. El único capaz de atraer a los hombres y mujeres de hoy. El único capaz de engendrar una fe nueva en estos tiempos de incredulidad. La renovación de las instancias centrales de la Iglesia es urgente. Los decretos de reformas, necesarios. Pero nada tan decisivo como el volver con radicalidad a Jesucristo.

viernes, 29 de agosto de 2014

¿Nos vemos?

"Justicia y Paz Tenerife" nos invita a ENCONTRARNOS y compartir vida y proyectos que podemos hacer vida o ayudar a que lo sean.
Aquí toda la información necesaria:
 http://justiciaypaz-tenerife.blogspot.com.es/2014/08/quienes-somos.html
¡¡¡Todo el mundo está invitado!!!.


miércoles, 2 de julio de 2014

Tres llamadas de Jesús

14 Tiempo ordinario (A) Mateo 11, 25-30
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA02/07/14.- El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en alguno sectores de nuestras comunidades.
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados. Yo os aliviaré”. Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente, han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús, se sentirán aliviados.
Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús, aprenderán a vivir a gusto con Dios. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús, no por obligación sino por atracción.
“Cargad con mi yugo porque es llevadero y mi carga ligera”. Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.
Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia las leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
“Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis descanso”.
Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica nuestra vida. La hace más clara y más sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no haya vivido. Nos invita a seguirlo por el mismo camino que él ha recorrido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.
Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en tantos hombres y mujeres necesitados de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, que viven “perdidos”, sin saber a qué puerta tocar. Sé que Jesús podría ser para ellos la Gran Noticia.

miércoles, 25 de junio de 2014

Sólo Jesús edifica la Iglesia

S. Pedro y S. Pablo (A) Mateo 16, 13-19
JOSÉ ANTONIO PAGOLA, lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).

ECLESALIA25/06/14.- El episodio tiene lugar en la región pagana de Cesarea de Filipo. Jesús se interesa por saber qué se dice entre la gente sobre su persona. Después de conocer las diversas opiniones que hay en el pueblo, se dirige directamente a sus discípulos: “Y vosotros, ¿ quién decís que soy yo?”.
Jesús no les pregunta qué es lo que piensan sobre el sermón de la montaña o sobre su actuación curadora en los pueblos de Galilea. Para seguir a Jesús, lo decisivo es la adhesión a su persona. Por eso, quiere saber qué es lo que captan en él.
Simón toma la palabra en nombre de todos y responde de manera solemne: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús no es un profeta más entre otros. Es el último Enviado de Dios a su pueblo elegido. Más aún, es el Hijo del Dios vivo. Entonces Jesús, después de felicitarle porque esta confesión sólo puede provenir del Padre, le dice: “Ahora yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.
Las palabras son muy precisas. La Iglesia no es de Pedro sino de Jesús. Quien edifica la Iglesia no es Pedro, sino Jesús. Pedro es sencillamente “la piedra” sobre la cual se asienta “ la casa” que está construyendo Jesús. La imagen sugiere que la tarea de Pedro es dar estabilidad y consistencia a la Iglesia: cuidar que Jesús la pueda construir, sin que sus seguidores introduzcan desviaciones o reduccionismos.
El Papa Francisco sabe muy bien que su tarea no es “hacer las veces de Cristo”, sino cuidar que los cristianos de hoy se encuentren con Cristo. Esta es su mayor preocupación. Ya desde el comienzo de su su servicio de sucesor de Pedro decía así: “ La Iglesia ha de llevar a Jesús. Este es el centro de la Iglesia. Si alguna vez sucediera que la Iglesia no lleva a Jesús, sería una Iglesia muerta”.
Por eso, al hacer público su programa de una nueva etapa evangelizadora, Francisco propone dos grandes objetivos. En primer lugar, encontrarnos con Jesús, pues “él puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestras comunidades... Jesucristo puede también romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo”.
En segundo lugar, considera decisivo “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio” pues, siempre que lo intentamos, brotan nuevos caminos, métodos creativos, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual”. Sería lamentable que la invitación del Papa a impulsar la renovación de la Iglesia no llegara hasta los cristianos de nuestras comunidades.