viernes, 11 de marzo de 2011

Democracia y participación ciudadana

            “Ya está aquí la campaña electoral… ¡¡OTRA VEZ!!”.
            Es un grito casi de desesperación de cada vez más gente que ya no encuentra sentido a tanto discurso de nuestra “partidocracia” –que no democracia- (así he oído llamar abrumadoramente lo que pasa en nuestro país).
            Esto no sucede por casualidad, no es cosa de cuatro descontentos o rebeldes sin causa, tiene unas causas muy claras y es fiel a la realidad. Me explico:
            CAUSAS.
1.    Supuestamente los partidos políticos deben representar de forma justa a la ciudadanía que los  vota. ¿Existe esa justicia?. Según la ley que regula esa representación parlamentaria y concede los escaños correspondientes… la respuesta es NO. (Siempre se acaba primando a los partidos más votados, aunque el margen real de votos no sea tan abultado). Consulten la “Ley D’Hondt” que es la que rige en España, por ejemplo.
2.    Hasta la fecha, los partidos “ganadores” han interpretado su mayoría casi como un “cheque al portador en blanco” que se puede cobrar sin límite de cuantía. ¿Cuántas decisiones se toman, ya aposentados en el poder, de gran trascendencia sin contar con la voz mayoritaria de la sociedad?. La respuesta es DEMASIADAS y GRAVES. (Ganar unas elecciones generales no significa que esa representación parlamentaria equivalga a los votos reales: subsiste como base el problema anterior; además de ello hay cuestiones que nunca se especificaron en las campañas electorales, no se concretaron… pero luego se llevan a la práctica “amparándose en su mayoría parlamentaria” con el exclusivo criterio partidista gobernante).
3.    Democracia significa “gobierno del pueblo” y se dice, además, que todo ciudadano es libre de pensar, opinar y actuar en igualdad de condiciones al resto –siempre y cuando lo haga desde las reglas democráticas por todos aceptadas- y se ofrecen cauces cotidianos para esa participación: los propios partidos políticos, sindicatos, asociaciones de vecinos, culturales,… a través de cuyas plataformas la ciudadanía puede contribuir al crecimiento y desarrollo de la sociedad democrática. Mas ¿qué ocurre de facto?, ¿realmente esto garantiza esa libertad e independencia de la ciudadanía libre de manipulaciones u obstrucciones?,… pues NO, la respuesta es NO. (No hay más que recordar lo que pasó inmediatamente pasadas las elecciones del 14 de marzo de 2002: se acabaron de cuajo las manifestaciones a favor de la PAZ y en contra de la  GUERRA ¿es que ya se había logrado esa paz y se habían acabado todas las guerras en las que España estaba?; todos sabemos que no, pero los sindicatos y partidos que antes animaban a patrullar las calles día tras día… dijeron y mandaron que “no era momento ni ocasión oportuna”. A eso se le llama traición e incoherencia con sus propios postulados. Y como este ejemplo a cientos podrían contarse).
4.    Podemos votar cada cuatro años y pronunciarnos a favor de unas tesis u otras, pero ¿qué tesis?. Cuando acudes a varios mítines (de distintos colores), te lees varios programas electorales, escuchas no  pocos debates de radio o alocuciones de representantes de diversas fuerzas políticas y lo comparas todo… parece muy clarito todo. Podrías votar a cualquiera: todos son maravillosos (por supuesto que hay cosillas que hacen fruncir el ceño pero… en el contexto en que se dice lo que se dice… eso parece nada). Mas… ¿qué carajo pasa en cuanto tal fuerza política llega al poder ganadas esas elecciones?, ¿es fiel a todo cuanto dijo y además lo hace sin demagogias?,… pues nuevamente la respuesta es un NO contundente. (Se realizan cosas que tratan de aparentar actividad pero se dejan siempre de lado los problemas fundamentales, más bien se ahonda en ellos y luego se trata de ir capeando y distrayendo al personal para que piense lo menos posible en lo que pasa realmente).
5.    Supuestamente los medios de comunicación públicos son PÚBLICOS, es decir, puesto que los  paga TODA la ciudadanía con los impuestos que el Estado nos cobra si ó sí… esos Mass Media pertenecen a todo el pueblo, tanto a quienes votaron al partido ganador como a los que votaron a otras fuerzas políticas, incluso a los que se abstuvieron o votaron en blanco. Pero ¿qué hace el partido ganador?, ¿permite esa independencia de ese poder mediático?. Ya saben ustedes la respuesta: PARA NADA, más bien se los apropia y los  emplea como un auténtico catecismo adoctrinador de la sociedad, tratando de utilizarlos para el autobombo, justificación de sus errores e instrumento manipulador de toda información que llegue a sus manos. (Echen un vistazo a lo que han hecho todos los partidos  políticos que han llegado al poder en este país).
6.    Llegadas las “campañas electorales” resulta que se enzarzan todos en insultarse unos a otros, sacar acusaciones mil mutuas y montando un espectáculo de feria, pero de feria de tres al cuarto, que es más que vergonzante, es… vomitivo. Quien está en el poder habla como si no le hubieran dejado hacer nada de lo que quería hacer –cuando lo tuvo todo, hasta el apoyo de la  banca- y echa la culpa de todos los males “a los otros”; quien está deseando que el otro se quite para ponerse él habla como si nada de lo que hizo quien está en el poder hubiera hecho nada bueno por el país. Y todo eso con un chorro de dinero enorme que paga toda la ciudadanía a cambio de… eso y con esa calidad. ¿No es esto una burda manera de reírse de todos, de hacer la pelota a toda la ciudadanía, mintiéndola descaradamente, denigrando al otro en tal de auparse a costa de la humillación del rival pero no con argumentos serios?. La respuesta esta vez no es No sino un SÍ rotundo. (Vean si no lo que ya está pasando).

7.    A colación de esto mismo: Supuestamente la clase política -y más la parlamentaria y aquélla que ocupa ya sus correspondientes cargos  políticos en autonomías, ayuntamientos, etc…- debiera ser el primer grupo en dar ejemplo de aquello que exige al resto  de la ciudadanía, pero ¿sucede eso en realidad?. Pues… va a ser que NO, y con absoluta rotundidad. (Échenle un vistazo a los sueldos, privilegios y demás que sus señorías se autoadjudican sin contar con nadie, sin que nadie pueda echar mano de tal abuso de poder, latrocinio por… (iba a decir “su trabajo” pero cabe preguntarse: ¿qué “trabajo”?, ¿a eso que hacen y como lo hacen se le puede llamar “trabajo”?; si un albañil hace mal un muro… o lo rehace de nuevo o lo despiden; cuando un político cobra lo que cobra y se autoimpone lo que ya todos vamos sabiendo –y no está a la vista de todos todo todavía-… aquí no pasa nada aunque envíen al país al más gediondo de los estercoleros). Han estado dictando normas para “que sea el  pueblo llano quien sí doble el lomo… mientras ellos se burlan del resto en sus poltronas”; a esto hay que llamarlo por su nombre: tiranía, abuso de poder, latrocinio y estafa al pueblo.

8.    ¿Alguien cree, a modo de punto final y el más importante además, que puede existir verdadera DEMOCRACIA si quien dirige todos los hilos es Doña Banca y sus estrategias financieras?, ¿De dónde ha salido si no lo que están sufriendo millones de españoles?. ¿Alguien piensa que tanto PSOE como PP,  como cualquier partido político  o sindicato no saben esto desde hace décadas sin cuento?. ¿Por qué pues mienten TODOS?, ¿por qué tratan de hacernos creer que están en ellos las claves para las mejoras sociales, el desarrollo de una sociedad mejor, más humana y humanizadora?. ¿Qué  hay detrás de ese decorado que aúpan TODOS por igual?. No hace falta ser ninguna lumbrera para ver el  juego que se traen entre manos: Es decir, se va viendo que “no se puede confiar en quienes no  tienen ni honradez, ni honestidad, ni lo que hay que tener para trabajar por el bien común”: los políticos dicen que “trabajan para el bien común” y los que se apoltronan en La Moncloa dicen que “quieren gobernar para todos los  españoles”. ¿Ustedes se lo creen?. Pues ya lo hemos visto: gobiernan para su bolsillo, haciéndole el juego a la banca, al mercantilismo puro y duro y despreciando sistemáticamente eso que se dice en llamar el “bien común” (y eso lo han hecho todos, de todos los colores: al  final todos se dan la manita en esto ¡qué casualidad!).
9.    Junto a todo esto hay también una gran cantidad de personas que militan en uno u otro partido político,  en sindicatos, etc… que tienen otras perspectivas, otras actitudes mucho más coherentes y son precisamente ellos la base y la explicación de que el electorado sigamos confiando en el juego democrático. Mas ¿qué pasa con ellos?, ¿por qué muchos acaban quedándose por el camino y no pocas veces “quemados”, profundamente decepcionados, con fuerte dolor de haber sido “utilizados” –porque se da la instrumentalización política, por supuesto- para luego dejarles de lado “cuando ya no interesan” sus planteamientos?. Hay que tener un temple casi de héroe para no claudicar jamás. 
¿Cómo no va a estar desencantada la ciudadanía?. ¿Han parado ustedes cuenta del porcentaje de la ciudadanía que sistemáticamente se abstiene o no va a votar o vota en blanco cada vez que hay elecciones?, ¿a nadie se le ocurre averiguar por qué sucede eso y por qué esa cifra va en aumento cada año a pesar de todas las facilidades que se dan para que todo el mundo pueda votar?. Hasta aquí el pataleo, o parte de él.
ALTERNATIVAS.
El pueblo es sabio y aparte de algunos arrebatos de rabia que pueden comprenderse muy bien aunque no los compartamos todos (me callo esas expresiones, algunas muy fuertes) sin embargo hay otras que son realmente ingeniosas y coherentes: “Yo los ponía a vivir durante un par de meses con el “Salario Mínimo Interprofesional” –ellos dicen que se puede vivir con eso-, o bien los ponía a vivir en la calle sólo un mes, como los Sin Techo,… o en las listas del paro sin dinero en el banco ni prestación por desempleo,… a ver cómo pensaban entonces y hacían después”.
Algo más de sentido común sí ganarían, mayor sentido de la justicia también además de algunos cambios en sus escalas de valores, casi seguro –salvo que sean tan sumamente inconscientes que no hayan sido capaces de aprender nada, que… también es posible-. Fuera ya de imaginaciones, a partir de lo que uno observa y escucha y lo que cree, me atrevo a apuntar algunas opciones frente a esta realidad:
A.   Generar credibilidad. Pero para ello la clase política debiera ser la primera en aplicarse a sí misma lo que impone al resto de la sociedad, empezando por eliminar toda esa serie de privilegios,  sueldos desproporcionados y demás beneficios que en nada tienen que ver con el Estatuto de los Trabajadores (¡vamos!, que me da hasta risa suponer que esta gente tiene en cuenta ese estatuto) ni con convenio colectivo alguno o reglamentación laboral  alguna y acto seguido permitir sometiéndose a las mismísimas reglas que el resto de ciudadanos que cobran del Estado (es decir, de los impuestos que nos cobran).
B.   Generar confianza. Pero para ello es necesario que la clase política proponga programas realistas que respondan a las necesidades reales de la sociedad, subpeditando los intereses partidistas o ideológicos al bien común.
C.   Generar ambiente de respeto y verdadera tolerancia. Desterrando las constantes, aburridas e insoportables guerras dialécticas entre unos partidos y otros a base de sus insufribles mutuas descalificaciones, insultos y demás muestras de inmadurez personal y colectiva.
D.   Generar reflexión y debate constructivo. Basando esa reflexión y debate a partir de las ideas y proyectos claramente explicados, concretados hasta el detalle, de manera que pueda entenderse por cualquier ciudadano y pueda tener toda la ciudadanía idea clara de lo que se está proponiendo; no limitándose a descalificar las ideas o propuestas de otras formaciones políticas para así dejar sólo en pie lo propio.
E.   Generar y desarrollar la autocrítica en el seno de cada formación política. Haciendo descender así el excesivo engreimiento, prepotencia y fanatismo ideológico; haciendo crecer el sentido de humildad, de diálogo abierto, auténtica democracia interna y posibilitando así un mejor diálogo con otras formaciones políticas. (Cuando un partido político se cierra en sus esquemas haciéndose fanático de los mismos desaparece toda posibilidad de diálogo y auténtico entendimiento con otros planteamientos).
 F.    Participación ciudadana, cada cual en aquellas plataformas que considere más idóneas. Poniendo en práctica desde la base estas mismas exigencias que se supone debieran ser parte esencial de toda formación política. Somos los ciudadanos quienes hacemos que un grupo, entidad, etc… sea lo que es, por lo tanto lejos de someternos a todo como burros con orejeras lo que hemos de hacer es –desde las afinidades que podamos tener por la formación elegida- forzar la reflexión,  el diálogo abierto, la autocrítica,… practicar el respeto a las personas y a otras formaciones políticas, proponer alternativas a las  situaciones que consideremos mejorables con la mayor concreción posible y propiciar el consenso más que la imposición por mayoría de votos.
G.   Establecer el compromiso de contar con toda la ciudadanía en cuestiones de gran trascendencia o que impliquen un perjuicio o contrariedad a la mayoría. Tales como: ley del aborto (están en juego vidas humanas, desde el momento de la concepción contamos ya con el ADN humano y que nos define ya plenamente como miembros de la humanidad y, por lo tanto, acreedores a todos los Derechos Humanos correspondientes); participación en conflictos bélicos (ha habido más  muertes de soldados españoles en Afganistán que en la guerra contra Iraq); ley de represión del  hecho religioso (la mal llamada “Ley de Libertad Religiosa” se limita a tratar de suprimir cualquier expresión pública de la fe cristiana aún incluso cuando esa expresión está respaldada por la mayoría de la población española) –España es un Estado “aconfesional”, no se dice en parte alguna que sea “laicista”, por lo tanto… algo se está haciendo muy mal-; etc…
H.   Redefinir la democracia y la organización social desde parámetros independientes del mercantilismo capitalista y establecer estructuras que garanticen una verdadera sociedad del bienestar haciendo que el beneficio económico quede siempre subpeditado a la consecución de una sociedad sin exclusión social, bolsas de pobreza o desigualdad social,… cuyos efectos de ese mercantilismo (amparado por TODAS las formaciones políticas de este país y por los propios sindicatos) deben ir en retroceso hasta lograr la humanización de todas las estructuras: laboral (adecuando los horarios y sueldos a la realidad y necesidades de las personas y no sólo a los intereses productivistas de las empresas, dentro del margen de beneficio que el empresariado necesite obtener para el mantenimiento de sus empresas); educativa (dando mayor protagonismo a las familias en el quehacer educativo desde los centros docentes y haciendo retroceder las incursiones mercantilistas del Plan Bolonia en la escuela y las ideológicas impuestas por el Estado que se adjudica a sí mismo el derecho de imponer al alumnado asignaturas que tratan de moralizar sobre cuestiones que incumben a la familia y no al Estado; financiera (evitando la repetición inmensamente injusta que se ha producido en este país: cubriendo con dinero público los déficits de entidades bancarias ocasionados por su propia especulación abusiva e inmoral);…
¿CÓMO HACER ESTO?.
Desde la PARTICIPACIÓN. No vale el dejar de ir a votar “porque tengamos una clase política que deje mucho que desear”; tampoco sirve de mucho votar en blanco (y menos con la  actual Ley D’Hondt) aunque eso sea mucho mejor que “pasar de todo”.

Todo menos “quedarse en casita a verlas venir”. Hay sindicatos,  asociaciones de vecinos, movimientos sociales reivindicativos, partidos políticos,… ¿imperfectos?...por supuesto, pero son ésas las herramientas con las que contamos y si tenemos capacidad de inventar otras nuevas… hagámoslo. Todo menos quedarse de brazos cruzados. Cada voz es importante, cada opinión, cada gesto,… trasciende.
 Todo puede valer si tenemos claro que “no hay malos ni buenos en esta película de la vida real”. Equivocados o acertados, siempre o sólo a veces, pero participativos, responsables de nuestra propia historia. Propiciando en nuestros ámbitos de implicación valores de tolerancia, respeto mutuo –también ante posturas antagónicas-, sentido heterocrítico pero también autocrítico (solemos ser muy hábiles en tirar piedras contra los demás y muy torpes a la hora de reconocer que en nuestro tejado tenemos un arsenal de esos elementos llegados desde otras perspectivas),… y siempre con la mirada puesta en que “a quien servimos es al pueblo, del que formamos parte; servimos al bien común Y NO A IDEOLOGÍA ALGUNA (cuando esa ideología se muestra, en la práctica, contraria a la voluntad mayoritaria o a las necesidades reales del pueblo)”. Las personas están siempre por encima de todas las ideas.
Y un último apunte: Promovamos la observancia y práctica de los  Derechos Humanos en toda formación sociopolítica o movimiento social reivindicativo. Todos los partidos políticos y sindicatos -especialmente- debieran partir de ahí (si digo “debieran” es porque de hecho no es así en la práctica) y desarrollarlos posteriormente). Es un contrasentido que la inmensa mayoría de las naciones hayan firmado esa Carta Universal y luego,  en el  seno de cada país, esos DD.HH. se apliquen para unos pero no para todos, como si hubiera distintas categorías (no hace demasiados siglos existía oficialmente la esclavitud –hoy también, aunque disfrazada- y hasta se excluía a las mujeres del derecho al voto no hace apenas nada,… como si no tuviesen la misma dignidad que el resto de los humanos).
Si hubiera más interés por el bien común y menos luchas de poder (“quítate tú para ponerme yo” para hacer lo mismo que tú)… pensando EN QUIEN TIENEN LA OBLIGACIÓN DE SERVIR… de otra manera iría.
Con razón decía el  Maestro de Nazaret: “Ustedes saben que los  jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre ustedes, sino que el que quiera ser el primero entre ustedes, sea el servidor de todos;…”.(Mt. 20,25-28).

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