jueves, 30 de agosto de 2018

La queja de Dios

Domingo 22 Tiempo ordinario – B (Marcos 7,1-8.14-15.21-23)
Evangelio del 02 / Sept / 2018

Un grupo de fariseos de Galilea se acerca a Jesús en actitud crítica. No vienen solos. Les acompañan algunos escribas venidos de Jerusalén, preocupados sin duda por defender la ortodoxia de los sencillos campesinos de las aldeas. La actuación de Jesús es peligrosa. Conviene corregirla.

Han observado que, en algunos aspectos, sus discípulos no siguen la tradición de los mayores. Aunque hablan del comportamiento de los discípulos, su pregunta se dirige a Jesús, pues saben que es él quien les ha enseñado a vivir con aquella libertad sorprendente. ¿Por qué?.

Jesús les responde con unas palabras del profeta Isaías que iluminan muy bien su mensaje y su actuación.
Estas palabras con las que Jesús se identifica totalmente hemos de escucharlas con atención, pues tocan algo muy fundamental de nuestra religión. Según el profeta de Israel, esta es la queja de Dios.

«Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí». Este es siempre el riesgo de toda religión: dar culto a Dios con los labios, repitiendo fórmulas, recitando salmos, pronunciando palabras hermosas, mientras nuestro corazón «está lejos de él». Sin embargo, el culto que agrada a Dios nace del corazón, de la adhesión interior, de ese centro íntimo de la persona de donde nacen nuestras decisiones y proyectos.

Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. La religión se convierte en algo exterior que se practica por costumbre, pero en la que faltan los frutos de una vida fiel a Dios.

La doctrina que enseñan los escribas son preceptos humanos. En toda religión hay tradiciones que son «humanas». Normas, costumbre, devociones que han nacido para vivir la religiosidad en una determinada cultura. Pueden hacer mucho bien. Pero hacen mucho daño cuando nos distraen y alejan de lo que Dios espera de nosotros. Nunca han de tener primacía.

Al terminar la cita del profeta Isaías, Jesús resume su pensamiento con unas palabras muy graves: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». Cuando nos aferramos ciegamente a tradiciones humanas, corremos el riesgo de olvidar el mandato del amor y desviarnos del seguimiento a Jesús, Palabra encarnada de Dios. En la religión cristiana, lo primero es siempre Jesús y su llamada al amor. Solo después vienen nuestras tradiciones humanas, por muy importantes que nos puedan parecer. No hemos de olvidar nunca lo esencial.

José Antonio Pagola
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jueves, 23 de agosto de 2018

Pregunta decisiva

Domingo 21 Tiempo ordinario – B (Juan 6,60-69)
Evangelio del 26 / Ago / 2018

El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento,«muchos discípulos se retiraron y ya no iban con él».

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo no las retira, sino que se reafirma más:
«Las palabras que os he dicho son espíritu y vida, pero algunos de vosotros no creen». Sus palabras parecen duras, pero transmiten vida, hacen vivir, pues contienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva:«¿También vosotros queréis marcharos?». No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos, sino amigos. Si quieren, pueden volver a sus casas.

Una vez más, Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

«Señor, ¿a quién iríamos?». No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente. Si no siguen a Jesús, se quedarán sin saber a quién seguir. No han de precipitarse. No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva?. ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte?. ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?.

Hay algo que Pedro no olvida: «Tus palabras dan vida eterna». Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Dónde podrían encontrar una noticia mejor de Dios?.

Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús ha descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: «Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios». Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola
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jueves, 16 de agosto de 2018

Alimentarnos de Jesús

Domingo 20 Tiempo ordinario – B (Juan 6,51-58)
Evangelio del 19 / Ago / 2018

Según el relato de Juan, una vez más los judíos, incapaces de ir más allá de lo físico y material, interrumpen a Jesús, escandalizados por el lenguaje agresivo que emplea:«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?». Jesús no retira su afirmación, sino que da a sus palabras un contenido más profundo.

El núcleo de su exposición nos permite adentrarnos en la experiencia que vivían las primeras comunidades cristianas al celebrar la eucaristía. Según Jesús, los discípulos no solo han de creer en él, sino que han de alimentarse y nutrir su vida de su misma persona. La eucaristía es una experiencia central en los seguidores de Jesús.

Las palabras que siguen no hacen sino destacar su carácter fundamental e indispensable: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida». Si los discípulos no se alimentan de él, podrán hacer y decir muchas cosas, pero no han de olvidar sus palabras: «No tendréis vida en vosotros». Para tener vida dentro de nosotros necesitamos alimentarnos de Jesús, nutrirnos de su aliento vital, interiorizar sus actitudes y sus criterios de vida. Este es el secreto y la fuerza de la eucaristía. Solo lo conocen aquellos que comulgan con él y se alimentan de su pasión por el Padre y de su amor a sus hijos.

El lenguaje de Jesús es de gran fuerza expresiva. A quien sabe alimentarse de él le hace esta promesa: «Ese habita en mí y yo en él». Quien se nutre de la eucaristía experimenta que su relación con Jesús no es algo externo. Jesús no es modelo de vida que imitamos desde fuera. Alimenta nuestra vida desde dentro.

Esta experiencia de «habitar» en Jesús y dejar que Jesús «habite» en nosotros puede transformar de raíz nuestra fe. Ese intercambio mutuo, esta comunión estrecha, difícil de expresar con palabras, constituye la verdadera relación del discípulo con Jesús. Esto es seguirlo sostenidos por su fuerza vital.

La vida que Jesús transmite a sus discípulos en la eucaristía es la que él mismo recibe del Padre, que es Fuente inagotable de vida plena. Una vida que no se extingue con nuestra muerte biológica. Por eso se atreve Jesús a hacer esta promesa a los suyos: «El que coma de este pan vivirá para siempre».

Sin duda, el signo más grave de la crisis de la fe cristiana entre nosotros es el abandono tan generalizado de la eucaristía dominical. Para quien ama a Jesús es doloroso observar cómo la eucaristía va perdiendo su poder de atracción. Pero es más doloroso aún ver que desde la Iglesia asistimos a este hecho sin atrevernos a reaccionar. ¿Por qué?.

José Antonio Pagola
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jueves, 9 de agosto de 2018

Atraídos por el Padre hacia Jesús

Jn. 6, 41-51 (Para el domingo 12 de agosto de 2018)

Según el relato de Juan, Jesús repite cada vez de manera más abierta que viene de Dios para ofrecer a todos un alimento que da vida eterna. La gente no puede seguir escuchando algo tan escandaloso sin reaccionar. Conocen a sus padres. ¿Cómo puede decir que viene de Dios?.

A nadie nos puede sorprender su reacción. ¿Es razonable creer en Jesucristo?.
¿Cómo podemos creer que en ese hombre concreto, nacido poco antes de morir Herodes el Grande y conocido por su actividad profética en la Galilea de los años treinta, se ha encarnado el Misterio insondable de Dios?.

Jesús no responde a sus objeciones. Va directamente a la raíz de su incredulidad: «No sigáis murmurando». Es un error resistirse a la novedad radical de su persona obstinándose en pensar que ya saben todo acerca de su verdadera identidad. Les indicará el camino que pueden seguir.

Jesús presupone que nadie puede creer en él si no se siente atraído por su persona. Es cierto. Tal vez, desde nuestra cultura, lo entendemos hoy mejor. No nos resulta fácil creer en doctrinas o ideologías. La fe y la confianza se despiertan en nosotros cuando nos sentimos atraídos por alguien que nos hace bien y nos ayuda a vivir.

Pero Jesús les advierte de algo muy importante: «Nadie puede aceptarme si el Padre, que me ha enviado, no se lo concede». La atracción hacia Jesús la produce Dios mismo. El Padre que lo ha enviado al mundo despierta nuestro corazón para que nos acerquemos a Jesús con gozo y confianza, superando dudas y resistencias.

Por eso hemos de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón y dejarnos conducir por él hacia Jesús. Dejarnos enseñar dócilmente por ese Padre, Creador de la vida y Amigo del ser humano: «Todo el que escucha al Padre y recibe su enseñanza me acepta a mí».

La afirmación de Jesús resulta revolucionaria para aquellos judíos. La tradición bíblica decía que el ser humano escucha en su corazón la llamada de Dios a cumplir fielmente la Ley. El profeta Jeremías había proclamado así la promesa de Dios:«Yo pondré mi Ley dentro de vosotros y la escribiré en vuestro corazón».

Las palabras de Jesús nos invitan a vivir una experiencia diferente. La conciencia no es solo el lugar recóndito y privilegiado en el que podemos escuchar la Ley de Dios. Si en lo íntimo de nuestro ser nos sentimos atraídos por lo bueno, lo hermoso, lo noble, lo que hace bien al ser humano, lo que construye un mundo mejor, fácilmente nos sentiremos invitados por Dios a sintonizar con Jesús.

José Antonio Pagola

jueves, 2 de agosto de 2018

El corazón del cristianismo

Jn. 6, 25-35 (Para el domingo 5 de agosto de 2018)

La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?». Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado». Dios sólo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Esta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.

Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo?. ¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de «creencias» y de «prácticas» a vivir como discípulos de Jesús?.

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión y el contacto vital con Jesús el Cristo.

José Antonio Pagola
https://www.gruposdejesus.com/18-tiempo-ordinario-b-juan-624-35/

jueves, 26 de julio de 2018

Nuestro gran pecado


Jn. 6,1-15 (Para el domingo 29 de julio de 2018).

El episodio de la multiplicación de los panes gozó de gran popularidad entre los seguidores de Jesús. Todos los evangelistas lo recuerdan. Seguramente, les conmovía pensar que aquel hombre de Dios se había preocupado de alimentar a una muchedumbre que se había quedado sin lo necesario para comer.

Según la versión de Juan, el primero que piensa en el hambre de aquel gentío que ha acudido a escucharlo es Jesús. Esta gente necesita comer; hay que hacer algo por ellos. Así era Jesús. Vivía pensando en las necesidades básicas del ser humano.

Felipe le hace ver que no tienen dinero. Entre los discípulos, todos son pobres: no pueden comprar pan para tantos. Jesús lo sabe. Los que tienen dinero no resolverán nunca el problema del hambre en el mundo. Se necesita algo más que dinero.

Jesús les va a ayudar a vislumbrar un camino diferente. Antes que nada, es necesario que nadie acapare lo suyo para sí mismo si hay otros que pasan hambre. Sus discípulos tendrán que aprender a poner a disposición de los hambrientos lo que tengan, aunque solo sea «cinco panes de cebada y un par de peces».

La actitud de Jesús es la más sencilla y humana que podemos imaginar. Pero, ¿quién nos va enseñar a nosotros a compartir, si sólo sabemos comprar?. ¿Quién nos va a liberar de nuestra indiferencia ante los que mueren de hambre?. ¿Hay algo que nos pueda hacer más humanos?. ¿Se producirá algún día ese «milagro» de la solidaridad real entre todos?.

Jesús piensa en Dios. No es posible creer en él como Padre de todos, y vivir dejando que sus hijos e hijas mueran de hambre. Por eso, toma los alimentos que han recogido en el grupo, «levanta los ojos al cielo y dice la acción de gracias». La Tierra y todo lo que nos alimenta lo hemos recibido de Dios. Es regalo del Padre destinado a todos sus hijos e hijas.
Si vivimos privando a otros de lo que necesitan para vivir es que lo hemos olvidado. Es nuestro gran pecado aunque casi nunca lo confesemos.

Al compartir el pan de la eucaristía, los primeros cristianos se sentían alimentados por Cristo resucitado, pero, al mismo tiempo, recordaban el gesto de Jesús y compartían sus bienes con los más necesitados. Se sentían hermanos. No habían olvidado todavía el Espíritu de Jesús.

José Antonio Pagola

jueves, 19 de julio de 2018

Anunciar a un Dios amigo


Mc. 6, 30-34 (Para el domingo 22 de julio de 2018).

Este Jesús, amigo de todos, sembrador de amistad, creador de comunión amistosa con sus discípulos, es encarnación del cariño y la amistad de Dios hacia todos. En Jesucristo, la relación entre Dios y los hombres queda definida y configurada por el amor.
Esta es la realidad más profunda de nuestro ser: nacemos, crecemos y vivimos envueltos en la amistad de Dios.«Permanecer en Cristo» es permanecer en el amor, vivir en la esfera del amor de Dios.

Nuestro mundo no es un mundo amistoso. Además del odio, la violencia y el mutuo enfrentamiento está la falta de amistad. Son muchas las personas que no conocen una mano amiga. Hombres y mujeres que no tienen sitio en el corazón de nadie. Gentes que sufren la soledad, el aislamiento o la inseguridad. Personas a las que nadie escucha, nadie besa ni acaricia, nadie espera en ninguna parte.

Los cristianos sólo podremos anunciar a Dios como Buena Noticia si sabemos introducir su amistad y bendición en este mundo a veces tan inhóspito. No todos pueden ofrecer amistad. Sólo quien se experimenta amado es capaz de amar. Por eso, esta puede ser hoy una de las claves de nuestra acción evangelizadora: acoger la amistad de Dios, disfrutarla y celebrarla en nuestras comunidades, para poder anunciarla y comunicarla incluso a los más olvidados y abandonados.

José Antonio Pagola

jueves, 12 de julio de 2018

Para un examen colectivo


Mc. 6, 7-13. (Para el domingo 15 de julio de 2018).(https://www.dominicos.org/predicacion/homilia/15-7-2018/lecturas/)

Jesús no envía a sus discípulos de cualquier manera. Para colaborar en su proyecto del reino de Dios y prolongar su misión es necesario cuidar un estilo de vida. Si no es así, podrán hacer muchas cosas, pero no introducirán en el mundo su espíritu. Marcos nos recuerda algunas recomendaciones de Jesús. Destacamos algunas.

En primer lugar, ¿quiénes son ellos para actuar en nombre de Jesús?. ¿Cuál es su autoridad?. Según Marcos, al enviarlos, Jesús «les da autoridad sobre los espíritus inmundos».
No les da poder sobre las personas que irán encontrando en su camino. Tampoco él ha utilizado su poder para gobernar sino para curar.

Como siempre, Jesús está pensando en un mundo más sano, liberado de las fuerzas malignas que esclavizan y deshumanizan al ser humano. Sus discípulos introducirán entre las gentes su fuerza sanadora. Se abrirán paso en la sociedad, no utilizando un poder sobres las personas, sino humanizando la vida, aliviando el sufrimiento de las gentes, haciendo crecer la libertad y la fraternidad.

Llevarán solo «bastón» y «sandalias». Jesús los imagina como caminantes. Nunca instalados. Siempre de camino. No atados a nada ni a nadie. Solo con lo imprescindible. Con esa agilidad que tenía Jesús para hacerse presente allí donde alguien lo necesitaba. El báculo de Jesús no es para mandar, sino para caminar.

No llevarán «ni pan, ni alforja, ni dinero». No han de vivir obsesionados por su propia seguridad. Llevan consigo algo más importante: el Espíritu de Jesús, su Palabra y su Autoridad para humanizar la vida de las gentes. Curiosamente, Jesús no está pensando en lo que han de llevar para ser eficaces, sino en lo que no han de llevar. No sea que un día se olviden de los pobres y vivan encerrados en su propio bienestar.

Tampoco llevarán «túnica de repuesto». Vestirán con la sencillez de los pobres. No llevarán vestiduras sagradas como los sacerdotes del Templo. Tampoco vestirán como el Bautista en la soledad del desierto. Serán profetas en medio de la gente. Su vida será signo de la cercanía de Dios a todos, sobre todo, a los más necesitados.

¿Nos atreveremos algún día a hacer en el seno de la Iglesia un examen colectivo para dejarnos iluminar por Jesús y ver cómo nos hemos ido alejando sin darnos casi cuenta de su espíritu?.

domingo, 13 de mayo de 2018

Campaña CROWDFUNDING 2018 - Justicia y Paz Tenerife

Para hacer posible el "Campamento Urbano de verano 2018".

Desde sus inicios, el Campamento de Verano ha dado respuesta a las necesidades de muchas familias con respecto a la atención de sus hijos/as en su tiempo de ocio, ya que no existía ningún recurso en la zona de la Cruz del Señor que lo cubriera.

Los campamentos urbanos celebrados durante las vacaciones escolares están considerados como una de las actividades más representativas de Justicia y Paz Tenerife y suponen una oportunidad de resolver las dificultades con las que se encuentran los padres y madres para cuidar de sus hijos/as en los períodos de vacaciones, además de contribuir a que los/as niños/as y jóvenes tengan cubierto su tiempo libre con alternativas de ocio saludable a través de experiencias lúdico-educativas, y todo ello en un espacio en el que impera la integración multicultural, la igualdad, la paz y la solidaridad. También de este modo apoyamos a sus padres y madres en su inserción laboral.

Para cubrir el gasto que supone sacar adelante el campamento, Justicia y Paz ha decidido lanzar una campaña de crowdfunding para recaudar los fondos necesarios y así poder llevar a cabo esta actividad durante los meses de julio y agosto. 

¿QUIÉNES SON LOS BENEFICIARIOS?. ¿DÓNDE Y CUÁNDO SE CELEBRA?.

El Campamento de Verano está dirigido a niños/as de entre 5 y 14 años, distribuidos en cuatro grupos de edad. Como cada año, cuenta con 80 plazas para cada mes y se llevará a cabo en los meses de julio y agosto en horario de 9:00 a 14:00h.

Las actividades que se llevarán a cabo están divididas en tres ejes de actuación: educativo, ocio y tiempo libre, y socioculturales, adaptadas a cada nivel de actuación.

¿QUÉ FINES PERSEGUIMOS?.

Objetivo general:
Obtener un espacio lúdico a través de actividades socioculturales, y fomentar la participación e integración de los menores.

Objetivos específicos:
  1. Proporcionar un espacio de encuentro y convivencia entre las personas participantes.
  2. Realizar actividades socioeducativas de interacción con grupos de iguales.
  3. Reforzar valores como la tolerancia y el respeto hacia los demás, así como sensibilizar para la igualdad e integración de todos y cada uno de los participantes de la comunidad.
  4. Dar a conocer el entorno tratando de inculcar valores de cuidado y respeto hacia el mismo.
  5. Fomentar el ejercicio físico y la alimentación saludable.
  6. Interactuar en las actividades lúdicas y musicales.
  7. Crear un clima de juego y entretenimiento a la vez que se practica el ocio saludable.
  8. Conciliar la vida laboral de los padres y madres con los períodos vacacionales de sus hijos/as.
2018, NUESTRA CUARTA CAMPAÑA DE CROWDFUNDING.

Nuestra entidad es ya veterana en el lanzamiento de campañas de crowdfunding. La andadura de Justicia y Paz Tenerife en el mundo de la financiación colectiva comienza en 2015, año en el que logramos recaudar 3.608€ gracias al apoyo de nuestra comunidad. Tras el enorme éxito decidimos repetir en 2016, alcanzando la cifra récord de 4.259€ y 2017 con 3.082€.

El gran apoyo que hemos recibido en años anteriores hace que este 2018 volvamos a recurrir a esta vía para poder obtener la financiación suficiente para realizar el Campamento de Verano que todos deseamos.

APORTACIONES, RECOMPENSAS Y SORTEOS.

Las aportaciones que se solicitan oscilan entre los 2€ y los 160€, y por cada aportación se recibirá una recompensa.
Del mismo modo, las personas que realicen aportaciones superiores a los 10€ entrarán en un sorteo.

En representación del equipo de Justicia y Paz Tenerife:
Desiré Afonso
Trabajadora Social

Para ver VÍDEO de la campaña, pinchar AQUÍ.

Para cualquier cuestión relacionada pueden contactar:
  • Llamando a los teléfonos 922-882917 y 680-418472
  • Escribiendo a justiciaypaz.tenerife@gmail.com
  • Acudiendo a: C/. Santiago Beyro nº 15A S/C. de Tenerife.
Para PARTICIPAR en los donativos mediante la campaña CROWDFUNDING:
Para donativos fuera de campaña:
  • Banca Ética FIARE: IBAN: ES55 1550 0001 23 0001040922

domingo, 6 de mayo de 2018

Entrevista a Eulalia Lluch


ASESINADO Ernenst Lluch   el 21 de noviembre del año 2000
Ernest Lluch Martín, nacido en Vilasar de Mar, Barcelona, 21 de enero de 1937.

Barcelona, 21 de noviembre de 2000. Ernest Lluch Martín fue un político español del PSC. Ministro de Sanidad y Consumo entre1982 y 1986, fue asesinado por la banda terrorista ETA cuando contaba 63 años y estaba retirado de la vida política.

jueves, 11 de enero de 2018

Entrevista a Juan José Tamayo: "Teologías del Sur"

EL TEÓLOGO PRESENTA 'TEOLOGÍAS DEL SUR. EL GIRO DESCOLONIZADOR' (TROTTA).
Juan José Tamayo: "La razón moderna europea es colonial, patriarcal y está vinculada al capitalismo"
"Que nos robe la esperanza es uno de los mayores latrocinios que está cometiendo el neoliberalismo"

Cameron Doody, 31 de diciembre de 2017 a las 15:57

El colonialismo pervive y se manifiesta a través de la inferiorización, discriminación, subordinación y subalternización de todos los pueblos del Sur Global, sometidos al imperio económico, político, cultural e incluso religioso del Norte.
(C. Doody).- "El colonialismo sigue funcionando de manera sutil por la vía de imposición del modelo económico neoliberal, que realmente está fracasando, incluso en Europa".
Juan José Tamayo, uno de los más relevantes teólogos actuales, lanza semejante denuncia en su nuevo libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta): el resultado, dice en esta conversación con RD, de la "conversión vital" que vivió experimentando de primera mano los sufrimientos de los pueblos del Sur Global.

Hoy tenemos un invitado de excepción: Juan José Tamayo, uno de los teólogos con más renombre en España y en el panorama internacional.
Hasta hace muy poco, era profesor de teología en la Universidad Carlos III de Madrid. También es profesor invitado en muchísimas universidades del mundo.

Buenos días Juan José.
Buenos días.
Sigo siendo profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, porque me jubilé el 1 de septiembre pero el Consejo de Gobierno ha tenido a bien nombrarme profesor emérito. Así, que sigo en activo durante los próximos tres años. Como digo a veces, posiblemente tenga que ir con la cachava de mi padre a dar clases.

Hoy ha venido a presentarnos su nuevo libro, titulado Teologías del Sur. El giro descolonizador.
Me gustaría empezar recordándole unas palabras que escribió usted hace poco, en un artículo, presentado el libro: "es el resultado de un aprendizaje que comenzó con el despertar del sueño dogmático en el que viví inmerso durante mis estudios de teología y filosofía neoescolásticas".
¿Cuándo cree que tuvo lugar este despertar suyo y qué fue lo que le despertó?.
El despertar tuvo lugar con mi llegada a Madrid, el año 1969, ubicándome en la ciudad secular. Yo venía de una ciudad muy provinciana. Con todo el reconocimiento a los valores de mi provincia, yo no había visto el mundo más que a través de una celosía, que era la pequeña ventana que tenía en mi cuarto, durante los años de mi formación teológica en el seminario de Palencia.
Desperté del sueño dogmático cuando me di cuenta de que la teología que había estudiado daba respuestas del pasado a preguntas del presente.
Llego a Madrid y me encuentro con que nos habían cambiado las preguntas. Y yo, lógicamente, tenía que dar respuesta contextual a esas nuevas interrogantes de una ciudad secular, de una sociedad en transición hacia la democracia y de una serie de movimientos que luchaban por la libertad, la democracia, justicia, la amnistía y contra la pobreza. Es ahí donde me doy cuenta de que las respuestas de la dogmática que yo había estudiado no se correspondían con los desafíos que en ese momento estaba viviendo la Humanidad.

Este nuevo libro es bastante especial y muy diferente en comparación con los otros libros que ha escrito. ¿Es así?.
Claro que es así. Empezando por el tiempo que he tardado en escribirlo. Mis libros generalmente son el resultado de una redacción de los meses que dura el proceso de gestación de un niño o una niña: nueve meses. Pero este ha durado más. La gestación de este libro ha durado dos años. Del 1 de junio del 2015 al 1 de junio del año 2017. Es el resultado de muchos estudios, muchas lecturas, muchas investigaciones y, sobre todo, de muchos viajes.
El libro lo he escrito según iba recorriendo los distintos lugares del Sur Global. Lo empecé precisamente en un lugar del Sur europeo, de la periferia de Europa, Portugal. Fue a raíz de la invitación que recibí de la Universidad de Coimbra para pronunciar en 2015 las conferencias en la Cátedra Boaventura de Sousa Santos, donde tuve oportunidad de convivir, dialogar, debatir y aprender de colegas e investigadores del Centro de Estudios Sociales en torno a las Epistemologías del Sur.
Lo terminé dos años después en otro lugar del Sur Global, esta vez en el Caribe, no porque fuera allí a descansar y tomar el sol, sino porque fui invitado en República Dominicana a dictar un curso sobre "Los nuevos paradigmas teológico en el siglo XXI" a los Misioneros del Sagrado Corazón, un ciclo de conferencias sobre la Teología de la Liberación en el Centro de Teología de los Dominicos, una conferencia en la Defensoría del Pueblo, y en Haití para un encuentro entre la religión vudú y el cristianismo.
El libro es el resultado de todo trabajo y de mi inmersión en el Sur Global, entendido, según el planteamiento de Boavantura de Sousa Santos, como la metáfora de la opresión que viven los pueblos marginados excluidos por mor del capitalismo, el patriarcado, el colonialismo, el racismo, la depredación de la naturaleza y los fundamentalismos.
Este libro, además, me ha sacado de otro sueño, donde yo estaba cómodamente ubicado: el de la razón moderna. Yo fui, durante varias décadas, una persona que interpreté el cristianismo desde la perspectiva de la modernidad: de la sociedad europea, democrática, ilustrada, religiosamente plural y económicamente desarrollada.
Este libro me ha sacado también de esa cómoda instalación porque creo que la razón moderna, habiendo hecho aportaciones extraordinarias, es una razón colonial, como demuestran el proyecto Colonialidad-Modernidad, la teoría del encubrimiento del Otro y las Epistemologías del Sur. La razón moderna europea es colonial, patriarcal y está vinculada al capitalismo. Y todo eso me ha obligado a "convertirme" al paradigma de las Teologías del Sur Global (asiática, africana, latinoamericana...

Explíquenos un poco porque, a lo mejor, los que nos están viendo o leyendo están pensando que la época del colonialismo terminó con la independencia de las naciones que estuvieron gobernadas por poderes europeos. Pero no es así: en su libro esto tiene otro enfoque, ¿verdad?.
Una de las ideas que desarrollo, precisamente, es esa: la falsa imagen de que el colonialismo desaparece con las independencias de los pueblos coloniales. Esta es una independencia, si quieres, jurídica, pero ni siquiera política, porque el modelo de democracia que se va a instaurar en esos países es el modelo de democracia occidental sometida al asedio del mercado y con un elevado grado de corrupción.
Una de las cosas que más me han gustado en estos últimos días de los discursos del Papa en Myanmar y Bangladesh, y en algunas intervenciones anteriores, ha sido la crítica tan severa que hace de las democracias occidentales. Dice que éstas intentan imponer sus valores y su cultura a costa de una serie de apoyos económicos que prestan a esos pueblos. Por eso, pienso que el colonialismo sigue funcionando de manera más sutil por la vía de imposición del modelo económico neoliberal, que realmente está fracasando incluso en Europa, como hemos comprobado con la crisis.
Por tanto, yo creo que el colonialismo pervive y se manifiesta a través de la inferiorización, discriminación, subordinación y subalternización de todos esos pueblos, sometidos al imperio económico, político, cultural e incluso religioso de Occidente o, mejor, del Norte Global.

Volviendo a lo que hablábamos antes de este despertar: ¿usted diría que el suyo es un despertar todavía teológico, que es político o es emocional?. Porque estaba diciendo que visitó estos países del Caribe; República Dominicana y Haití, que son de los más empobrecidos del planeta.
Con este pensamiento: ¿estamos cruzando la línea hacia una política, o es todavía confesional por su parte?.
Yo creo que ese despertar es múltiple. Primero es un despertar de la sensibilidad: no puedes elaborar una teoría de aquello que no has sentido y no has vivido.
Ciertamente, yo no soy una persona que viva en la periferia desde el punto de vista experiencial, pero por eso me he obligado a hacer todos estos viajes hacia el Sur Global; para conocer de cerca, vivir, solidarizarme con todas estas pobrezas, marginaciones y situaciones de desigualdad que, escandalosamente, se viven en el mundo actual.
Por tanto, sí, es una conversión vital: la conciencia me golpea, precisamente, porque he visto, he escuchado y he vivido esas situaciones de marginación y de pobreza de los diferentes pueblos.
Pero, al mismo tiempo, es un despertar desde el punto de vista político, en el sentido de que creo necesario liberar a los pueblos oprimidos del colonialismo, para que asuman su propio destino, se empoderen y reconozcan que tienen la misma dignidad que los pueblos que los están dominando y oprimiendo. Es, como diría FrantzFanon, pasar del no-ser, al que los tiene sometidos el colonialismo, al ser.
Y todo eso se va a traducir luego en un despertar religioso, espiritual y teológico. Despertar religioso en cuanto he hecho una inmersión en las experiencias religiosas y espirituales de los pueblos del Sur y he descubierto la gran riqueza que tienen y que hemos despreciado desde Occidente, desde la razón moderna y desde la razón teológica europea.
Espiritual por todas las experiencias vividas con las comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes: identificación con la tierra, relación con los antepasados, procesos de democracia comunitaria, simbólica de relación con los diferentes elementos del cosmos considerados sagrados, incluso divinos.
Y el cuarto momento ha sido el despertar teológico, que me ha obligado a elaborar un nuevo relato teológico desde la perspectiva de los pueblos que están sometidos a los sistemas de dominación citados. Eso ha supuesto un cambio en la metodología y la epistemología.

Cuando leí el libro pensé que es muy necesario porque, -corríjame si me equivoco- es un libro que no se ha escrito nunca antes aquí, en España. Así que me gustaría preguntar por qué hay tan pocos teólogos que den el paso hacia esta conversión.
Yo creo, en primer lugar, que es porque todavía estamos cómodamente instalados en la razón moderna. Incluso los sectores teológicos más progresistas, que llevamos a cabo un diálogo entre el cristianismo y la modernidad, no hemos tomado suficiente conciencia de que la modernidad ha jugado y sigue jugando un papel fundamental en los procesos coloniales.
Pienso que, cuando estamos ubicados en la modernidad nos sentimos muy bien arropados y protegidos de los desafíos que proceden del exterior.
La modernidad no es sólo un modelo civilizatorio que se caracteriza por la defensa de las libertades y los derechos humanos, el pluralismo político, la democracia representativa, el pluriverso religioso. Es también una especie de muro, de "caverna", que te impide ver las realidades que están fuera del entorno moderno en el que vivimos.
Esto sucede incluso en el propio feminismo: buena parte del feminismo occidental me parece bastante estrecho, porque se centra casi exclusivamente en las discriminaciones de género y de identidad sexual. Eso es, ciertamente, muy importante, pero descuida otras discriminaciones que padecen las mujeres en otros entornos geoculturales. Por ejemplo: las discriminaciones étnicas, culturales, religiosas, sociales, económicas, etc., de las mujeres de las comunidades afro-descendientes, indígenas y campesinas de América Latina.
Ese es el problema: que la modernidad se convierte en una especie de muro que nos impide ver lo que sucede fuera de ella. Y salir a ese otro mundo descubres, por ejemplo, un límite muy importante de la democracia y es que está sometida al asedio del mercado. Y que además está herida, e incluso amenazada de muerte, por los distintos sistemas de dominación, que son, a veces, mucho más fuertes y poderosos que la democracia.
Cuando tú vas a esas comunidades y descubres, por ejemplo, todo el componente de democracia participativa, comunitaria, y entras en contacto con las teólogas feministas de ese entorno, te das cuenta de que tenemos una percepción y una mirada del mundo, desde Europa, muy estrecha.

Me gustaría mencionarle otra cita. Son unas palabras de Ernst Bloch, que son, entiendo, muy importantes para usted: "La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón".
Hablando de esperanza: ¿es optimista con lo que nos depara el mundo, a nivel político, de cara al futuro?. ¿Las cosas están cambiando, o no?.
Me alegra la referencia a la afirmación del filósofo de la esperanza Ernst Bloch, que cito con frecuencia y que completo con otra del mismo autor basada en Hegel: "Si la teoría no está de acuerdo con los hechos, peor para los hechos".
Por muy contradictorio que parezca, yo me definiría como una persona pesimista esperanzada. Pesimista, porque la realidad no da para ser optimista: estamos sometidos a los sistemas de dominación que he indicado anteriormente y que nos aplanan. Peor aún, uno de los objetivos de dichos sistemas es robarnos la esperanza, robársela a las personas y colectivos empobrecidos, que es, posiblemente, uno de los mayores latrocinios que está cometiendo el neoliberalismo.
Pero al mismo tiempo soy esperanzado, porque ese pesimismo no me lleva a cruzarme de brazos, sino que me induce a actuar, y la acción es ya de por sí una respuesta al pesimismo ambiente. Coincido con Antoni Gramsci cuando habla del "pesimismo de la razón y del optimismo de la voluntad", y con José Carlos Mariátegui, que se refiere al "pesimismo de la realidad y el optimismo de la acción".

Pero parece que en Occidente no se aprecia conciencia de culpabilidad, como fuera de desear.
No hay conciencia de culpabilidad. Me parece que este es otro de los "pecados" de Occidente. Se ha desembocado en un comportamiento cínico que no es sensible a las situaciones de marginación en que viven los pueblos fuera del Norte Global y que este crea. Por eso soy pesimista; porque no veo que desde el sistema, desde el poder -sea eclesiástico, político, cultural o económico- se puedan producir cambios.
Pero al mismo tiempo soy esperanzado porque debajo del hielo hay agua. El pesimismo puede explicarse porque se ve la superficie como una especie de gruesa planta de hielo, pero la esperanza, la "docta esperanza" (Bloch) se basa en la emergencia de los movimientos sociales portadores de utopía: ecologistas, feministas, pacifistas, Foro Social Mundial, diferentes foros regionales, nacionales.
Lo mismo cabe decir desde el punto de vista religioso y teológico. Soy pesimista si veo las religiones y sus teologías desde las instituciones jerárquico-patriarcales y de los magisterios oficiales. Pero soy esperanzado por la potencialidad liberadora de los encuentros teológicos del Sur y los diálogos entre religiones con sus compromisos por la paz fundado en la justicia, la defensa de la igualdad y de la no-discriminación por razones de género, etnia, cultura, religión, identidad sexual, clase social, procedencia geográfica, la denuncia de la violencia estructural y lucha, la creciente conciencia ecológica, etc.
Todo eso hace cambiar el paradigma de las religiones. Estas, que han sido instrumentos de dominación y de explotación de la naturaleza, de empobrecimiento de los seres humano, de legitimación del patriarcado, el capitalismo y el colonialismo, de legitimación de las dictaduras o regímenes militares, ahora están emergiendo con una capacidad ético-liberadora extraordinaria, como fuerza de liberación.
Lo mismo cabe decir desde el punto de vista teológico: creo que estamos en el momento de mayor fecundidad teológica. El siglo XX fue muy creativo teológicamente, pero el siglo XXI está siéndolo todavía más. Ahora mismo estamos en pleno desarrollo de las teologías feminista, ecológica, indígena, negra afro-latinoamericana-caribeña negra africana, asiática, del pluralismo religioso, la mayoría de ellas poscoloniales. Estas teologías son analizadas a partir de sus textos, con-textos y pre-textos en el libro Teologías del Sur. A su vez, los movimientos liberadores que están en la base de estas teologías y mi implicación en ellos son lo que me convierten en una persona esperanzada, también teológicamente.
Y ciertamente, la inspiración fundamental que yo tengo para esta actitud es la de Bloch cuando decía la frase que tú has citado. A Bloch se le acusa de optimista ingenuo, pero no es verdad: Bloch decía que la esperanza "está teñida de luto", pero el luto no nos llevan a lamentarnos, llorar y encerrarnos autistamente en nosotros, sino a trabajar por Otro Mundo, Otra Religión, Otra Iglesia son Posibles. ¡Y necesarios!.

Me alegro de que haya mencionado a la Iglesia como una razón para la esperanza. Pensaba que no lo iba a hacer.
Bueno, no tanto la Iglesia romana, cuanto el cristianismo liberador de los pueblos del Sur. Pero sí.
Me ibas a preguntar algo.

Lo que iba a decir son dos cosas. Una es, que a lo mejor, estos cambios requieren otro modelo de Iglesia, que no impulsa la jerarquía, por ejemplo.
Y también iba a preguntarle por el Papa Francisco y su papel en este cambio que ha notado, o, por lo menos, en esta fecundidad que tiene la teología en el siglo XXI.
¿Ha notado algún cambio con Francisco -un papa del Sur- desde que ha llegado al pontificado?.
Sí, un cambio muy importante, sobre todo de prioridades. Me parece que, con todos los respetos, los pontificados anteriores, los de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, estaban marcados por tres prioridades. La primera era la ortodoxia, la fidelidad a la doctrina, y eso explica que crearon ellos mismos numerosos heterodoxos y herejes a los que condenaron porque lo que les interesaba era preservar el depósito de la fe. Un depósito realmente muerto, porque una doctrina que no se explicita en una práctica resulta infructuosa, es estéril.
La segunda prioridad fue la moral relacionada con la sexualidad, el origen y el final de la vida, el modelo de pareja, la normatividad heterosexual, la binariedad afectiva y sexual.
La tercera prioridad era la disciplina. Tenga Usted en cuenta que con Juan Pablo II, bajo la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe de Benedicto XVI, se elaboró el Catecismo de la Iglesia Católica, que es la expresión de un dogma que, a mi modo de ver, ni siquiera tiene en cuenta los nuevos métodos históricos y los métodos hermenéuticos. Fíjese también que en esa época se reelaboró el Código de Derecho Canónico.
Yo no digo que Francisco quiera saltarse el dogma, ni el Catecismo, ni el Código de Derecho Canónico, ni que esté en contra de esta moral más clásica, pero no son sus prioridades. La prioridad fundamental del Papa Francisco es la preocupación por los problemas más agudos que vive y que sufre la humanidad. Por eso, cuando hace los viajes no va con el Credo constantinopolitano en el bolsillo, sino que empieza con un análisis crítico de la realidad.
Coincidí con el Papa Francisco el año pasado en su visita a México. Yo estaba en Chiapas en un Congreso sobre pueblos y comunidades indígenas y teología de la liberación, y quedé impresionado del análisis de la realidad tan certero que hizo durante su recorrido por las zonas más marginales de México. Era un conocimiento de los problemas reales, no de los problemas imaginarios que pudieran tener los otros papas o los obispos mexicanos que consideraban que lo más importante era ser fiel a la ortodoxia y cumplir la disciplina eclesiástica.
Para mí, lo más importante del Papa Francisco es que tiene antenas bien levantadas para conocer la realidad. Y el hecho de que haga tantos viajes, de que hay dejado de vivir en el Vaticano, le da una perspectiva muchísimo más amplia.
Pienso que, ahora mismo, aparte de que es el líder moral más importante del mundo, es una de las personas que mejor conoce la realidad mundial. Y, de manera especial, las situaciones de pobreza y marginación de todo tipo que se están viviendo.
Por tanto, ése ya es un cambio de prioridad fundamental. Y a partir de ese cambio de prioridad, se produce el segundo: qué respuesta o qué aportación, modesta siempre, puede hacer la Iglesia a esa problemática.
De alguna manera, los papas anteriores conectaban o respondían a esta idea que he expuesto anteriormente: cuando ya sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron las preguntas. El Papa Francisco actúa al revés: cuando le han cambiado las preguntas, es sensible a ellas e intenta darles respuesta.

Entonces, ¿no le pedirías nada más?.
Sí.
 
¿Está contento con el Papa?.
Estoy relativamente contento; he pasado del pesimismo del comienzo a una situación de optimismo crítico en el presente. Digo el pesimismo del comienzo porque siempre pensé que de un papa a otro había poca diferencia. Y me equivoqué. Lo reconozco.
Por otra parte, desconocía en ese momento las aportaciones que hizo el cardenal Bergoglio en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de 2007 en Aparecida (Brasil). Me dejé llevar por algunas informaciones que le presentaban como cómplice de la dictadura, o, por lo menos, no suficientemente crítico. Pero buena parte de esos argumentos se me han ido desmontando en la medida en que voy viendo el cambio; primero en los gestos, segundo en el estilo de vida, tercero en sus declaraciones públicas y cuarto, en sus documentos.
Aun así, ese optimismo es crítico; no le concedo al cien por cien el reconocimiento a toda su actividad, como no se le puede conceder a nadie. Creo que hay dos o tres cuestiones que todavía él no ha abordado y que a mí me parece que son de urgente tratamiento para el cambio.
La primera es la situación de las mujeres en la Iglesia católica. El Papa Francisco prácticamente no ha dado un solo paso para la incorporación de las mujeres al protagonismo de la vida eclesial, para la incorporación de las mujeres al acceso a lo sagrado, al ministerio ordenado, para la incorporación de las mujeres a la elaboración teológica, etc. Tampoco ha dado ningún paso para facilitar la incorporación de las mujeres en las responsabilidades eclesiales. En estas cuestiones sigue existiendo un estancamiento.
Cuando el Papa dice, continuando el discurso de sus predecesores, que no es él quien niega el acceso de las mujeres al ministerio eclesial, sino que es el propio Jesucristo, está convirtiendo a Jesús en una persona patriarcal, cuando si algo caracterizó el movimiento que Jesús puso en marcha fue el de ser movimiento igualitario de hombres y mujeres.
En la Iglesia todavía estamos en la etapa de la discriminación de las mujeres y creo que habría que incorporar la teoría de género -no la "ideología de género", como despectivamente la califican los obispos-, a todos los niveles teológico, moral en cierta medida, se está produciendo en las sociedades democráticas, aunque parcialmente.

¿Hay algún otro ámbito eclesial en el que se muestre crítico con el Papa?.
Sí. Otro campo en el que estoy descontento es en todo lo que tiene que ver con la reforma de la Iglesia.
La palabra reforma viene pronunciándola el Papa reiteradamente desde el comienzo de su pontificado. Y reconozco que está poniendo todo su empeño en llevarla a cabo. Pero veo inadecuada la mediación utilizada para hacerla realidad. Me refiero a la creación de una Comisión de Cardenales que le asesoran en la reforma eclesial.
Todos son cardenales y, por tanto, príncipes de la Iglesia, de edades avanzadas. Todos son clérigos y célibes. No hay ningún teólogo, ninguna teóloga, ningún representante de las congregaciones religiosas que históricamente han contribuido y siguen contribuyendo a la reforma de la Iglesia.
Tampoco hay representación alguna de las congregaciones religiosas femeninas, ni de las comunidades de base.
Yo creo que el instrumento para la reforma de la Iglesia tendría que ser la creación de diferentes comisiones en las que estuvieran representados todos los sectores, y de manera muy especial los laicos y las laicas de todo el mundo.

El Papa está visitando estos días Myanmar. ¿Cómo valora este viaje?.
Dos son las sensaciones que tengo. Me ha sorprendido que no haya citado la palabra rohingya. Pienso que el Papa tiene una hipoteca de la que debe liberarse: la de ser Jefe de Estado de la ciudad del Vaticano, que difícilmente se compagina con su liderazgo moral reconocido mundialmente y con su ejemplaridad evangélica.
El ser jefe de Estado le hipoteca en estos viajes porque son también visitas de Estado en las que, lógicamente, tiene que mantener unas relaciones diplomáticas con los gobernantes. Un jefe de Estado no puede echar en cara a estos, en el país al que va, unos comportamientos que son antidemocráticos, contrarios al respeto al pluralismo y a la diversidad cultural, como es el caso del Gobierno de Myanmar con los rohingya.
Por eso soy partidario de que la reforma de la Iglesia pase por que el Vaticano deje de ser un Estado, cosa que ya de entrada no parece muy evangélica, y que el Papa renuncie a ser jefe de Estado, cargo que puede poner en cuestión el merecido reconocimiento de autoridad moral a nivel internacional.
No olvidemos que la comunidad rohingya está marginada, perseguida y represaliada por determinados sectores del budismo, actores importantes en la represión, discriminación y exilio de dicha comunidad.
Pero quiero decir, también, que el Papa Francisco en Myanmar y en otras declaraciones está siendo muy claro y, en plena sintonía con mi libro -que le regalaré para Reyes-: ha criticado severamente el colonialismo cultural y ha dicho dos cosas muy importantes: a) que el colonialismo cultural es el que está potenciando el terrorismo; b) que Occidente impone el colonialismo a costa de unas ayudas económicas a los pueblos a los que coloniza. Y yo añado una tercera: que Occidente está imponiendo un modelo de democracia que está haciendo agua.

Como decía antes, un libro muy necesario. Y añado que también muy actual.
Para finalizar díganos qué proyecto tiene ahora. Cuál va a ser el siguiente paso.
El paso siguiente es un nuevo libro sobre el Islam -el primero fue Islam. Cultura, religión y política (Trotta, 2009, con numerosas ediciones y reimpresiones); el segundo Islam. Sociedad, política y feminismo (Dykinson, 2014)-, que voy a titular Hermano Islam. En él elaboraré una teología islamo-cristiana de la liberación.
Nunca me he apartado del paradigma de la teología de la liberación. Lo que he ido haciendo con el paso de las décadas, de mis lecturas, estudios, viajes y de mi evolución teológica, ha sido incorporar nuevos elementos a ese paradigma, que ha desembocado en una teología de la liberación intercultural, no solo occidental, interreligiosa, no solo cristiana, interétnica, no blanca, interdisciplinar, no solo intra-teológica, y feminista, más allá del patriarcado religioso basado en los dioses  varones y en las masculinidades sagradas.
Y dentro de ese paradigma voy a desarrollar esta teología islamo-cristiana de la liberación con estas características: contrahegemónica, en clave ética, en perspectiva feminista, en un horizonte descolonizador, en diálogo interreligioso e intercultural y en dirección a la utopía de Otro Mundo Posible, recuperando la mística y el sufismo como lugar de encuentro de las religiones y como superación de los fundamentalismos.
Decía Lévinas que la ética es la filosofía primera. Yo lo aplico a las religiones monoteístas y afirmo que la ética es la teología primera del Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.
Pues aquí tienen ustedes un nuevo libro para disfrutar de Juan José Tamayo: Teologías del Sur. El giro descolonizador, editado por Trotta.

Juan José, muchas gracias por compartir su tiempo con nosotros.
Muchas gracias a Usted y a Religión Digital por dar a conocer este libro.