lunes, 12 de julio de 2021

La dictadura franquista y los orígenes de la transición (III).

 

(Continuación del artículo: "La dictadura franquista y los orígenes de la transición (II)": https://justiciasolidaridad.blogspot.com/2021/07/la-dictadura-franquista-y-los-origenes_0941136242.html).

TESIS 3. La imposición, por la fuerza de las armas, de la dictadura terrorista de la oligarquía, no pudo impedir que a través de mil formas el proletariado y el pueblo mantuvieran viva la llama de la resistencia y la lucha.

De nuevo, la LiP del 78 de UCE nos dice:

LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO CONTRA LA DICTADURA OLIGÁRQUICO- IMPERIALISTA.

La lucha revolucionaria de la clase obrera en España cuenta con cien años de historia, si se cuenta desde el período 1868-1873 en que aparece por primera vez como fuerza revolucionaria activa mínimamente organizada.

Desde entonces el proletariado ha estado a la cabeza de la lucha revolucionaria del pueblo de las nacionalidades de España por la libertad, la democracia, la independencia y el socialismo. (…).

La Guerra Nacional Revolucionaria de 1936-1939 contra el fascismo, la oligarquía y el imperialismo germano- italiano es una página heroica de la lucha de nuestro pueblo y de nuestra clase, fuente de valiosas experiencias revolucionarias. Durante tres años el proletariado y el pueblo resistieron la agresión fascista e imperialista con las armas en la mano e hizo frente a los mayores sacrificios con especial bravura. La resistencia del pueblo español contra el fascismo fue un importante ejemplo para todos los pueblos del mundo y fortaleció la lucha mundial contra el imperialismo y el fascismo. (…).

La imposición, por la fuerza de las armas, de la dictadura terrorista de la oligarquía, no pudo impedir que a través de mil formas el proletariado y el pueblo mantuvieran viva la llama de la resistencia y la lucha, conservando e incrementando de este modo sus valiosas tradiciones revolucionarias. Este es un caudal de enormes riquezas en la actualidad para nuestro pueblo. contra sus enemigos comunes y alcanzar la victoria.

La lucha y la combatividad de las masas populares llevaron a poner en quiebra definitivamente al Régimen Franquista. (…).

De este extracto podemos concluir que:

1º.- La lucha antifascista comienza a organizarse el mismo día en que Franco proclama su victoria. Desde 1939 hasta el último momento del régimen fascista, no es que el pueblo "mantenga viva la llama de la resistencia", sino que hay un masivo movimiento obrero popular que lucha no sólo por derrocar al régimen fascista, sino que aspira a la revolución, al socialismo y el comunismo, y que es capaz de avanzar en las peores condiciones, reconstruyendo sus bases organizativas o levantando un movimiento sindical de nueva planta.


El fascismo intentó aplastar y poner de rodillas a la clase obrera y al pueblo, pero el hecho es que fracasó miserablemente en ese empeñó. Como diría Marcelino Camacho, uno de los fundadores de CCOO, "ni nos domaron, ni nos doblaron, ni nos van a domesticar".

Lo que en realidad sucedió fue que esa lucha popular y revolucionaria -que llegó a tener más de un millón de personas organizadas de forma clandestina y a contar con el movimiento marxista-leninista más organizado de toda Europa- fue la que condujo a la quiebra al régimen fascista, imponiendo la necesidad al hegemonismo y la oligarquía, a tener que cambiar de régimen para salvaguardar su dominio de clase.


2º.- Incluso en los años de mayor represión, el pueblo español demuestra su carácter combativo y revolucionario, encabezado por el proletariado y con el PCE como referencia política.

En octubre de 1940, en uno de los 22 campos de concentración donde la burguesía gala mantenía encarcelados a  muchos de los exiliados españoles, el PCE toma la decisión de organizar la lucha antifascista contra la ocupación nazi y el gobierno títere de Vichy. En julio de 1941 miles de exiliados españoles se suman a la resistencia dentro de la Unión Nacional Española promovida por el PCE. Las unidades exclusivamente compuestas de combatientes españoles serán reconocidas en 1944 bajo el nombre de Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE), liberando numerosas localidades, e incluso regiones enteras, en el sur de Francia. La compañía que encabezará las fuerzas que liberan París era conocida dentro de la resistencia francesa como “La Nueve”, con su nombre en español, y sus vehículos se identificaban como Gernika, Madrid, Don Quijote... Estaba formada casi en su totalidad por combatientes españoles que habían continuado en Francia la lucha contra el fascismo desarrollada en España.

Paralelamente, en España se han constituido partidas guerrilleras formadas por comunistas, socialistas, republicanos, anarquistas, que huyen de la represión y continúan la lucha contra el fascismo. El PCE va a respaldar y dirigir este movimiento, permitiendo que se fortalezca y extienda.

Casi al mismo tiempo, y frente a las infames condiciones de vida y trabajo que impone el fascismo, se desata la lucha obrera en las ciudades encabezada y dirigida por los comunistas.

Desde principios de 1947 -es decir, apenas 8 años tras el fin de la Guerra- se encadenan movilizaciones en los principales centros industriales, culminando en una huelga general el Primero de Mayo en Bilbao. La respuesta del régimen fue fulminante: los empresarios que no despidieron a los huelguistas fueron encarcelados, y se lanza a la policía, la guardia civil y la Legión contra los obreros.

Pero cuatro años después, en 1951, estalla en Barcelona un boicot masivo a los tranvías en protesta por el aumento de tarifas. Desembocando en una huelga general, impulsada por el PSUC, a la que se suman 300.000 trabajadores. Barcelona es ocupada militarmente, pero ante la firmeza de los obreros, que amenazan con otra huelga, el régimen fascista renuncia a imponer despidos masivos. Un mes después 250.000 trabajadores de la gran industria vasca comienzan una huelga general que se prolonga durante todo el mes. Esta vez, los empresarios se niegan a practicar el despido en masa.

A finales de los cincuenta, el PCE creará la Oposición Sindical Obrera, con un carácter clandestino pero que conseguirá llevar un trabajo sindical abierto e incluso acceder a puestos de delegado en el Sindicato Vertical. A partir de principios de los años sesenta, las constantes huelgas de los mineros asturianos dan lugar a las primeras Comisiones Obreras, una organización democrática de los delegados obreros elegidos directamente en asambleas por los trabajadores, permanentemente revocables y “comisionados” para negociar en nombre de la asamblea de trabajadores con la patronal. Comisiones Obreras nacerá como un sindicato de clase y un movimiento sociopolítico, uniendo a las reivindicaciones laborales la lucha política contra la dictadura. La experiencia de esta nueva organización se extiende, impulsada por el PCE, a toda España, bajo la consigna de “No debe haber fábrica, taller, mina... sin una comisión obrera”.

El PCE es en estos momentos la única fuerza con presencia y capacidad política y organizativa para llevar adelante la lucha contra el fascismo. La CNT desaparece en los hechos, incapaz de sobreponerse a la represión. Socialistas, republicanos y nacionalistas sólo existen en el exilio y supeditan su actividad política al apoyo de las “potencias democráticas”.

Gracias a la posición revolucionaria y al trabajo abnegado de muchos de sus cuadros y militantes, y a pesar de las continuas caídas y detenciones de sus comités locales, muchos nuevos cuadros del interior se proponen para sustituirlos, y numerosos dirigentes entrarán permanentemente en España de forma clandestina para reorganizarlos. El PCE mantiene un entramado de aparatos de propaganda locales que le permiten imprimir y difundir de forma sistemática panfletos, octavillas y llamamientos a la población, y establecer redes de difusión clandestina del Mundo Obrero que llega incluso a las cárceles.

3º.- Pero es sobre todo a finales de los años 60 y en la década de los 70 cuando se desarrolla en España el mayor movimiento de lucha de masas de toda Europa, con una extraordinaria amplitud, combatividad y radicalidad.


Se suele identificar la “lucha antifranquista” con el movimiento estudiantil, pero aunque éste tuvo un papel importante, fue sin duda la movilización de la clase obrera la columna vertebral de la lucha del pueblo. A principios de los años 70, el movimiento obrero se ha convertido ya en una fuerza imparable que el franquismo es incapaz de detener.


A las acciones de huelgas de fábricas o de ramas de la producción, se suceden a partir de 1970 huelgas generales que paralizan polígonos, ciudades y provincias enteras: Vizcaya, El Ferrol, Pamplona, Vigo, Sabadell, las tres huelgas generales consecutivas entre 1974 y 1976 del Baix Llobregat. La lucha por las reivindicaciones económicas tiende a convertirse cada vez más en lucha política contra la dictadura, las acciones de solidaridad de unas fábricas con otras, de unas ramas con otras, de todos los obreros de una misma población contra los despidos, los enfrentamientos con la policía, las detenciones... están a la orden del día.


A este torrente de lucha se suma la juventud revolucionaria. Tras los primeros incidentes en 1956 en la Universidad de Madrid, los años 60 van a conocer una radicalización extraordinaria del movimiento estudiantil.


Tanto la Universidad como la Enseñanza media se convierten en un foco de agitación revolucionaria. En muchas facultades y centros de bachillerato en los años 70 se van a dedicar tantas horas a asambleas, huelgas y manifestaciones como a clases. La policía tiene que saltarse la autonomía de los recintos universitarios para entrar en ellos sin permiso del decano o el rector... Entre amplísimos sectores de la juventud, el marxismo es la ideología “de moda” desde mediados de los años 60 y es en este sector donde van a cobrar más fuerza las organizaciones revolucionarias.


En los barrios populares, condenados a ser simples “contenedores” de fuerza de trabajo sin ningún tipo de servicio, se multiplican las luchas encabezadas por unas Asociaciones de Vecinos que son organizaciones de masas. En el campo se revitaliza la lucha de los jornaleros, y también la de pequeños y medianos agricultores ya asfixiados por la monopolización. Es en este momento donde crecen movimientos como el feminista, el ecologista...


Esta oleada general de lucha popular es la que pone en quiebra el régimen fascista. España no puede seguir siendo gobernada de la misma forma, porque las clases populares ya no están dispuestas a aceptarlo.


(CONTINUARÁ).

No hay comentarios:

Publicar un comentario