martes, 27 de julio de 2021

La segunda reconducción (V)

(Continuación del artículo "La segunda reconducción (IV)": https://justiciasolidaridad.blogspot.com/2021/07/la-segunda-reconduccion-iv.html).

TESIS 4: Tras la invasión de Afganistán EEUU cambia de proyecto para nuestro país; si antes el objetivo central era “consolidar el nuevo régimen democrático”, en las circunstancias prebélicas pasa a ser “preparar a España para la guerra,… al precio que sea”.

Exigirá nuevas y más agresivas condiciones: integración inmediata en la OTAN, dócil alineamiento en la lucha contra la otra superpotencia, prohibición de cualquier veleidad neutralista, aunque sea limitada.

·       Este va a ser el catalizador para que todas las fuerzas políticas y de clase, abierta o encubiertamente pro-yanquis, tanto franquistas como democráticas, tanto de derechas como de izquierdas, tanto reaccionarias como “progresistas” , se movilicen en una misma dirección: reconducir el rumbo del país para llevar adelante los dictados norteamericanos, cercando a un Suárez que ofrece crecientes resistencias para llevarlos a cabo.

1.- Las redobladas exigencias norteamericanas están en el origen de las convulsiones que España sufre en 1980 y 1981.

La nueva situación mundial prebélica abierta tras la invasión soviética de Afganistán, y la respuesta norteamericana, especialmente cuando Reagan accede a la Casa Blanca en noviembre de 1980, golpean de lleno a nuestro país.

Cambia el proyecto principal de EEUU para España. Ya no es la consolidación del nuevo régimen democrático, sino preparar a España para la guerra al precio que sea y esto exige la integración inmediata en la OTAN y en el frente antisoviético.

EEUU eleva la agresividad de sus mandatos, y exige que se cumplan de forma inmediata.

Por primera vez, España aparece en el discurso de toma de posesión de un secretario de Estado norteamericano -Alexander Haig, nombrado por Reagan- para afirmar tajantemente: España debe fijar fecha y hora para su entrada en la OTAN . La concesión de un aplazamiento, para no soliviantar a la izquierda, ha caducado.

España debe estar dócilmente alineada en la lucha contra la otra superpotencia, y cumplir los mandatos norteamericanos, aunque eso suponga quebrar el consenso con la izquierda.

Quedan prohibidas las veleidades neutralistas o tercermundistas -aunque sean parciales y limitadas- en política exterior. La visita de Castro a España, anunciada en el viaje de Suárez a Cubano se producirá.

La política de Suárez, que había servido para los primeros años de la transición, y contaba con el plácet norteamericano durante la presidencia de Carter, choca con las nuevas exigencias de la superpotencia.

En la medida que Suárez ofrece crecientes resistencias a plegarse al cambio de rumbo en los plazos y formas que Washington exige, EEUU se va a lanzar a convulsionar y desestabilizar a través de múltiples canales la situación en España.

2.- Los mecanismos de intervención interna que el hegemonismo yanqui ha ido creando en el seno del nuevo régimen durante todo el proceso de transición se activan a lo largo de 1980 en una misma dirección.

De repente, en 1980 se da un giro de guion a la transición, pasando del “ consenso” a un enfrentamiento político cada vez más agresivo. Fuerzas antagónicas se movilizan en una misma dirección: crear las condiciones para imponer los nuevos y urgentes planes norteamericanas, y derribar los obstáculos que se oponen a ello, Suárez y su política el primero de ellos.

Tanto el terrorismo de “extrema izquierda” como el de extrema derecha se recrudecen con una virulencia nunca vista ni antes ni después. Mientras en el período 1974-77 los atentados de ETA se cobran 63 muertos, en el período 1978-81 son 265. Solo en 1980, ETA y los GRAPO realizan más de 100 asesinatos. A ello se une la actuación de las fuerzas fascistas y parapoliciales, como Fuerza Nueva o el Batallón Vasco-Español, con 16 asesinatos en 1980.

La cúpula militar exige medidas urgentes y excepcionales para paralizar el desarrollo autonómico y frenar “la ruptura de la unidad de España” y para acabar “ a cualquier precio y de cualquier forma” con el terrorismo.

El “ruido de sables” se agita porque se alienta desde Washington. Altos mandos militares que encabezarán el 23-F celebran con champán la victoria de Reagan en las presidenciales norteamericanas. Y, tras el triunfo de un golpe militar en Turquía en septiembre de 1980, el agregado militar de la embajada española en ese país, el coronel Quintero –el mismo personaje que en noviembre de 1973 era e l responsable de la seguridad personal de Carrero Blanco– redacta un elogioso informe del golpe que circula profusamente por todos los cuarteles.

Los medios de comunicación a derecha (ABC, El Alcázar, Ya,...) e izquierda (El País, Diario 16,...) se lanzan a una feroz ofensiva contra Suárez, denunciando su incapacidad y exigiendo su dimisión.

La jerarquía de la Iglesia se lanza con furia contra el timorato proyecto de ley del divorcio.

La CEOE descalifica la política económica del gobierno al tiempo que reclama más mano dura contra los trabajadores y los sindicatos.

En el sumario del juicio sobre el 23-F se documentan las reuniones de destacadas cabezas oligárquicas para alentar las maniobras para derribar a Suárez. En ellas participan miembros de la familia March, Luis Valls, presidente del Banco Popular, o Alfonso Escámez, presidente del Banco Central.

Pilar Urbano documenta cómo el CESID elabora un plan, presentándolo como “corrector del sistema dentro del sistema” , para impulsar una moción de censura que acabe con el gobierno de Suárez.

Se agitan los ataques contra la misma unidad territorial. José Manuel Otero Novas, ministro de la Presidencia y de Educación con Suárez, desvela la utilización del movimiento independentistas canario, MPAIAC: “EEUU nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la OTAN se haría con Canarias por su importancia estratégica”.

Juan Carlos I, cuya vinculación directa con Washington data de su etapa como Príncipe, participa activamente en la campaña de acoso y derribo a Suárez. El 22 de enero de 1981, en una conversación documentada por Pilar Urbano, le exige su dimisión: “Discutimos si OTAN sí u OTAN no, si Israel o si Arafat, si Armada es bueno o peligroso. Y como no veo que tú vayas a dar tu brazo a torcer, la cosa está bastante clara: uno de los dos sobra en este país. Uno de los dos está de más. Y, como comprenderás, yo no pienso abdicar”.

A derecha y a izquierda, los principales partidos, lanzan furibundos ataques contra Suárez.

El PSOE se pone a la cabeza de la desestabilización al presentar en la primavera de 1980 una moción de censura parlamentaria, que aun sabiendo de antemano que está perdida, sirve sin embargo para crear más inestabilidad y sensación de desgobierno.

El partido de Suárez, la UCD, sufre una crisis tras otra protagonizadas por los sectores de la derecha más vinculados a Washington. Encabezados por Miguel Herrero de Miñón, aupado en contra de la voluntad de Suárez al cargo de portavoz parlamentario. Para acabar con Suárez se liquidará la UCD, que pasará de presidir el gobierno a desaparecer en pocos meses.

Una orquestada sinfonía, sabiamente dirigida desde la embajada norteamericana en la calle Serrano, crea un gigantesco clima de desgobierno, de vacío de poder, que va a dejar en el aire la política de Suárez. Los poderes fácticos, la gran banca, las organizaciones empresariales, el ejército, la jerarquía de la Iglesia,... todos le van a ir dando la espalda, cuando no enfrentándose con él abiertamente.

3.- Para ejecutar la “reconducción” del rumbo del país que Washington exigía, se ponen en marcha diferentes golpes que en realidad son uno solo.

En los círculos políticos, económicos y mediáticos de Madrid se alternan los rumores de sables con los de una posible solución “extra-constitucional” que ponga fin “al desgobierno”. En esa dirección convergen diferentes tramas golpistas.

La primera, y principal opción, es crear un clima d e tensión y desgobierno que obligue a Suárez a dimitir, y ser sustituido por otro dirigente de UCD que no oponga resistencias a los dictados norteamericanos.

La segunda -radicalmente antidemocrática, pero que utiliza un subterfugio constitucional- es la de un gobierno de concentración nacional presidido por un militar. Será cultivada por Alfonso Armada, con quien se reunirá la cúpula del PSOE. En esa solución intervienen desde representantes de la derecha (Fraga, Osorio, Oscar Alzaga, Herrero de Miñón, Rupérez,...) hasta cualificados líderes de la izquierda socialista (González-que sería vicepresidente primero en el gobierno encabezado por un militar-, Solana, Guerra, Múgica,...) e incluso dirigentes del PCE (Tamames, Solé Tura,...).

La tercera, un clásico golpe militar, que se expresará el 23-F. Aunque no es la primera ni la segunda opción, sí está contemplada como una “bala en la recámara” .Si era estrictamente necesario, Washington estaba dispuesto a sacrificar la naciente democracia para forzar nuestra integración en la OTAN.

(CONTINUARÁ)

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